Los inicios de la escalada en Valencia
1946-1972
por enrique torres
Declaración de intenciones
La historia de los comienzos de la escalada en Valencia está por escribir. La intención de este escrito es realizar un bosquejo de esa historia que pueda ser ampliado y mejorado, mediante aportaciones posteriores, posibilitando así que quede para el futuro constancia de dicha historia. Desde el punto de vista temporal, la intención es que este relato indague en lo muy poco (más bien poquísimo) que se sabe de los primeros balbuceos de la escalada en nuestras tierras valencianas anteriores a la fundación del Centre Excursionista de València en 1946 y la de la Unidad de Guías Montañeros un año después y sobre todo que explicite los protagonistas y los hechos ocurridos entre la fundación de las dos entidades mencionadas y el año 1972, que es el periodo que el autor mejor conoce por haberlo vivido personalmente. Finalizará el año 1972 con la mención de la Expedición Valenciana del Tupungato al Aconcagua.
Antecedentes. Bibliografía previa.
En lo que se refiere al tema general de la historia de la escalada en Valencia, como antecedentes solamente he encontrado un artículo de Pedro Jorge Notario, titulado “Los inicios de la escalada en la Comunidad Valenciana. Primera aproximación” publicado en el boletín informativo número 11 de la FEMECV. Boletín especial publicado con motivo de su 50 aniversario.
Para el tema específico de la Unidad de Guías Montañeros existen dos artículos, ambos publicados en el libro “Una etapa más de un largo camino” editado por el Grupo Aitana de la OJE en 2020. El primero, titulado: “1940 – 1960 La Unidad de Guías Montañeros (UGM) del F.J. de Valencia” es también de Pedro Jorge Notario y el segundo, titulado “Anexo,” es de Antonio Daza, y está concebido como un anexo del anterior. En el mismo libro existe también un artículo Federico Bonet titulado “El grupo AALOS de OJE Valencia,” en el que se explicita brevemente la génesis de este grupo.
Trasteando por internet he encontrado también algunos relatos y entrevistas en los que apoyarme. A lo largo de este escrito, cuando sé de esta circunstancia, procuraré indicar la fuente.
A tener en cuenta
En primer lugar debe tenerse en cuenta que lo que en este escrito se relata se ciñe exclusivamente, al ámbito de la escalada como una faceta del más amplio conjunto del excursionismo y del montañismo.
Debe también tenerse en cuenta que la realización de este escrito, por una parte se ha apoyado en los antecedentes previos mencionados y en la información aportada por algunos buenos amigos, pero también en la memoria de su autor, que en algunos casos conoció de primera mano algunos de los hechos relatados y en otros los vivió personalmente.
Los hechos relatados, en el momento de realizar este escrito, tienen una antigüedad media en el entorno de algo más de sesenta años y el autor, en el momento de ponerlos en negro sobre blanco tiene ochenta y tres años. Por todo ello, si en algún momento su memoria se ha idealizado y comete alguna inexactitud, (muy posiblemente las habrá) pide disculpas y manifiesta su predisposición a corregir los errores.
El contexto exterior
Cualquier relato histórico estaría cojo si no se tiene en cuenta el contexto en el que se desarrollan los hechos. Comenzaremos por tanto por relatar muy brevemente lo que estaba sucediendo en el ámbito del alpinismo, en el Mundo y en España, en la década de los años cincuenta y principios de los sesenta del siglo pasado.
En el año 1950 una expedición francesa conquista el primer ocho mil, el Annapurna. Tres años después una expedición inglesa asciende por primera vez al Everest. En España, la primera expedición extraeuropea, a los Andes de Perú, se efectúa en 1961, es decir, once años después de la conquista del Annapurna y ocho años después de la conquista del Everest. Por otra parte en el momento en el que se realiza esa primera expedición española a los Andes del Perú, el año 1961, los países de nuestro entorno europeo, Inglaterra, Francia, Italia, Alemania, Austria, Suiza y otros, llevan años organizando expediciones tanto al Himalaya como a diferentes macizos de montaña del mundo y anualmente lanzan varias expediciones extraeuropeas. En nuestro caso es la primera expedición.
Como conclusión podemos decir que en este país llamado España, en ese momento y en materia de alpinismo, algo atrasadillos vamos.
La expedición española de 1961
La expedición española de 1961 está organizada por la Federación Española de Montaña, la dirige Félix Méndez, a la sazón vicepresidente de la dicha Federación y se encamina a los Andes del Perú. En ella participan los que en ese momento están considerados como los mejores alpinistas de España, tres madrileños, tres catalanes, un vasco y un aragonés. En ese mismo grupo de los mejores alpinistas españoles del momento podían haberse incluido otros dos escaladores vascos, pero como no son demasiado amigos del régimen político gobernante en aquel momento, se quedan de cuadra.
En cualquier caso, ningún valenciano entre los mejores alpinistas españoles del momento. De este hecho podemos extraer una nueva conclusión. Si en ese momento España va algo atrasada con respecto a su entorno europeo, en Valencia vamos también algo atrasados con respecto a nuestro entorno español.
Tranquilos todos, en su momento les alcanzaremos.
Los comienzos de la escalada en España. Un hecho anecdótico.
La mayor parte de los escritos que conozco, que relatan los comienzos de la escalada en España, empiezan con la historia de Don Pedro Pidal, marques de Villaviciosa de Asturias, como primer escalador español en conquistar una cumbre importante.
Por mi parte no me resisto a dar mi versión de la aventura de Don Pedro Pidal. Don Pedro era un patriota que veía con desazón que las principales cumbres del Pirineo, incluido el Aneto, situado en territorio español, estaban siendo ascendidas por primera vez por franceses. Estaba también viendo cómo, en su Asturias natal, cada vez más extranjeros frecuentaban los Picos de Europa y tenía el temor de que también la cima del emblemático Naranjo de Bulnes fuese ascendida por primera vez por alguien que no fuese español.
Para evitarlo decide intentarlo él mismo. Visita el Naranjo y a su vista decide que para poder intentarlo necesita ejercitarse en eso de la escalada. Se va a Chamonix y contrata un guía. Estamos en el año 1903 y ya en ese momento existen en Chamonix guías profesionales. Con su guía realiza varias ascensiones y escaladas, entre ellas ni más ni menos que el Dru. Su siguiente paso es ir a Londres a comprar una cuerda de escalada (por lo visto en aquella época las mejores cuerdas para escalar se vendían en Londres).
Con su cuerda se va a Bulnes. Allí le hablan de un pastor apodado El Cainejo, que en los ratos libres que le deja el cuidado del ganado, se dedica a subir riscos por la zona. El Sr. Marqués contrata al Cainejo y el cuatro de agosto de 1904, milagrosamente, consiguen, no solo realizar la primera ascensión al Naranjo de Bulnes, sino también descender sanos y salvos.
El Sr. Marqués regresa a casa. En su biografía no se da cuenta de ninguna otra escalada importante. Eso sí, ha conseguido su objetivo, ningún extranjero será el primero en escalar el Naranjo.
El Sr. Marqués, más que un escalador era un patriota. Su hazaña constituye un hito importante en la historia del alpinismo español, pero, desde mi punto de vista no constituye su comienzo, por la sencilla razón de que no tiene continuidad. Después de él, nadie hasta bastantes años después. Entiendo que empezar no es solo arrancar sino también continuar.
El comienzo de la escalada en España, con continuidad y estabilidad: ¿Cuándo y dónde?
La historia del alpinismo español en sus comienzos está llena de otros muchos casos de pioneros de la escalada, todos ellos meritorios, en general realizados por pequeños grupos de personas, sin demasiada continuidad. Describirlos no es el objetivo de este escrito. Existen muchos relatos de estos hechos a los que pueden acudir los interesados. Sin ir más lejos, en la web de la Sociedad Excursionista de Valencia hay colgado un interesante artículo de Joan Grifoll que habla de estos pioneros.
La obra más completa sobre el tema es la monumental y casi exhaustiva “Crónica alpina de España siglo XX,” de Cesar Pérez de Tudela.
Por mi parte considero que describir aquí estos hechos a lo único que nos conduciría es a que los árboles no nos dejen ver el bosque. Es por ello por lo que necesitamos un criterio lógico que nos permita establecer cuando comienza la escalada en España, con garantía de continuidad.
No habiendo encontrado ningún criterio al respecto previamente establecido, a los efectos de este relato me permito establecer mi propio criterio, que en cualquier caso no considero ni mejor ni peor que cualquier otro. Simplemente es el mío.
Mi criterio es el siguiente, considero que la escalada ha comenzado en un área geográfica determinada, cuando en esa área exista una entidad que aglutine a un número de personas, en el entorno de quince, que escalen habitualmente. Un club, porque en un club si alguien se da de baja por la razón que sea, es más fácil que alguien se dé de alta y cubra el hueco de un grupo no adscrito a un club. Adicionalmente, en un club, habitualmente los más veteranos enseñan a los más novatos y si en ese club existe al menos un número aproximado de quince personas escalando con cierta regularidad, creo que la continuidad del deporte de escalada en ese lugar esta está suficientemente garantizada.
¿Cuándo y dónde se cumple por primera vez este criterio en España? En España este criterio se cumple casi simultáneamente (año arriba, año abajo) en tres zonas geográficas, en el entorno del fin de los años veinte y los comienzos de la década de los treinta del siglo pasado, es decir, aproximadamente entre 1929 y 1931.
Sin que el orden en el que las expongo tenga ningún significado, estas áreas geográficas son: Madrid. El club es el Peñalara. La zona de escalada habitual los fines de semana la Pedriza y el terreno de juego en alta montaña cuando se dispone de más tiempo, Gredos o Picos de Europa.
Barcelona. El club el Centro Excursionista de Cataluña. La escuela habitual de escalada Montserrat y esporádicamente Pedraforca. En alta montaña, el Pirineo Catalán.
País Vasco. Aquí la situación es algo distinta. No hay ni un club único, ni una población única, sino una zona de escuela de escalada única, Atxarte, en la que todos los domingos (cuando digo todos quiero decir todos los que no llueve) se reúnen escaladores procedentes en su mayoría de Bilbao, pero también de San Sebastián y de Vitoria (Atxarte está situado en un punto aproximadamente equidistante de las tres ciudades), en un número, ya en aquellas tempranas fechas, netamente superior a quince. En alta montaña el terreno de juego preferido son los Picos de Europa.
Los comienzos de la escalada en Valencia. La Unidad de Guías Montañeros
Hemos llegado al meollo de la cuestión. Es lo que yo conozco y de acuerdo con el criterio establecido, de continuidad y estabilidad, la escalada comienza en Valencia en el entorno de los años 1948 o 49. (Es decir, aproximadamente 20 años después que en las regiones antes comentadas).
La entidad en la que se produce este comienzo es la Unidad de Guías Montañeros, que en esas fechas aglutina ya a un grupo de más de quince personas que salen habitualmente a escalar, normalmente a Peñas de Guaita, pero también a otras varias zonas de montaña próximas y ocasionalmente, como luego veremos a macizos de alta montaña.
La Unidad de Guías Montañeros (UGM) era un hogar de la OJE (Organización Juvenil Española), dependiente a su vez de Falange. Lo primero que deberíamos preguntarnos es porqué si en otras regiones españolas, como hemos visto, la escalada comienza en clubes de carácter social, en Valencia comienza en una entidad gubernamental. En este aspecto, lo primero que hay que tener en cuenta es que las circunstancias políticas son totalmente distintas. En Madrid, Barcelona o Bilbao la escalada comenzó en la transición entre la monarquía de Alfonso XIII y la segunda república. En Valencia comienza durante la dictadura del general Franco.
Sin embargo, en mi opinión, la mayor influencia no fue de las circunstancias políticas sino de las circunstancias económicas. Un club social tiene que disponer de un local que le genera abundantes gastos. La pertenencia a un club social entraña el pago de una cuota mensual. Los jóvenes que en aquel momento acudíamos a la UGM teníamos en el entorno de 16 años y en aquella época, todavía encuadrada en una muy larga y dura postguerra, los chavales de esa edad, salvo excepciones, no estábamos en condiciones económicas de pagar ninguna cuota. Mi buen amigo Ángel Tébar, describió de manera clara y breve la situación – Chaval ¿no tienes mochila? Toma esta mochila – y te largaban una mochila “Bergans” como las utilizadas por el ejército alemán. En la UGM había cuerdas, clavijas, tiendas de campaña, esquís de madera y fijaciones de hierro y cuero marca Atenhofer a los que apodábamos “Maderofen.” En general todo el material necesario para la práctica de montañismo, la escalada y el esquí. Esporádicamente se disponía también, para las excursiones más largas, de un camión en cuya caja descubierta se ponían tablones a modo de asientos. A esquiar se iba a Javalambre en tren, en el apodado “borreguero.” Por supuesto, en aquellos años en Javalambre no existían ni remontes ni pistas formales. Las pistas las “fabricábamos” a base de pisar la nieve. Los remontes eran nuestras piernas.
En resumen, lo único que teníamos que poner los chavales que allí estábamos, eran las ganas de salir a la montaña y de escalar y eso nos sobraba. Por otra parte puedo dar fe de que el ambiente era fundamentalmente montañero y poco político. Por supuesto que cada cual tendría su ideología y derecho tenía a tenerla, pero lo que nos unía a todos los que estábamos allí era la montaña, no la política.
La UGM nace en 1947 en un local de la calle Sagunto, pero en el año 1953 se traslada al Palacio de Cervelló, situado en la plaza de Tetuán, frente a Capitanía General, que en aquel momento estaba en completa ruina. Nos reuníamos en alguna de las habitaciones en las que aún no se había desplomado la techumbre y por tanto el suelo estaba más o menos libre de cascotes. En invierno la habitación preferida era una que disponía de chimenea, que se encendía aportando cada uno la leña que podía (cogida donde podía) y en la que nos sentábamos en el suelo ya que el mobiliario brillaba por su ausencia.
Tanto Pedro Jorge Notario, como Antonio Daza, en sus respectivos artículos citados dan los nombres de los escaladores más veteranos encuadrados en la UGM. Por mi parte, sin ánimo de ser exhaustivo citaré a José Bernet, José Ramón Biosca, Enrique Gómez Sacanelles, Antonio Daza, Julio Ochando, Apolo González, Héctor Montaña, Manuel Albalat, Enrique Espí, Gabriel Deluz, Vicente Sánchez “Tatín,” José Luis Súñer, RafaelGregori, Jaime Gadea y Castillo (de este último solo recuerdo el apellido). Entre los más jóvenes, los “chavales” que entrábamos allí, con una edad en el entorno de los 16 años, citaré a Miguel Gómez, Ángel Tébar, Antonio Martí Mateo, Amadeo Botella, Pedro Jorge Notario, y yo mismo.
Pedro Jorge Notario y yo fuimos los últimos en entrar, Pedro en 1956 y yo, el más joven de todos, en el 58. Pedro tuvo como instructor en su primer cursillo de escalada a Miguel Gómez, que aunque había entrado pocos años antes, ya era instructor y yo recibí mis primeras clases de Vicente Sánchez “Tatín.”
Con relación a las zonas de escalada, tanto Pedro Jorge Notario como Antonio Daza, en sus respectivos artículos enumeran bastantes de ellas. Por mi parte y en lo que sigue haré un resumen de las más frecuentadas. Por su proximidad la Sierra Calderona es sin duda la más visitada, especialmente las Peñas de Guaita, pero también se escala en la Mola de Segart, la Font del Salt, la Font del Berro, el Pico del Águila, la Montaña Redona (llamada coloquialmente la Barca Tombà) o la Herradura. Fuera de la Calderona en las paredes de los Valles de la Murta y de la Casella, en la Sierra de las Agujas (Agujas Foradà, Fonda, Salomónica, Nap y Dedo de Dios), en la Montañeta de la Cruz en Tavernes de Valldigna (Agujas Caótica, San Jaime y Pitón de Aránzazu), en la Serra Grosa (Aguja de San Antonio y Peñón de Vallada), en la zona de Ventamina (Aguja Rocha y Silla del Papa), en la Pared Árabe de Jérica, en los Frares de Cuatretondeta, y finalmente en los Cuchillares de Contreras. Una buena parte de las zonas citadas son visitadas por primera vez por miembros de la UGM, que son los que abren las primeras vías en ellas. No obstante, como más adelante veremos en mayor detalle, ni son los únicos que las visitan ni los únicos que abren vías en ellas.
De entre las muchas vías abiertas por miembros de la UGM, solamente citaré, a modo de ejemplo, la Alta Piteras, que posiblemente sea la vía más emblemática de las Peñas de Guaita, abierta por Vicente Sánchez “Tatin” (desconozco tanto el año como los compañeros) y también todas las primeras vías (vías normales) a los diferentes monolitos de los Cuchillares de Contreras. Las vías más directas o por las caras de mayor dificultad ya serán efectuadas en otros momentos
Como comentario añadiré que la abundancia de agujas que se citan en esta relación, denota el gusto inicial de los escaladores por efectuar ascensiones a monolitos a cuya cima solo se puede acceder escalando.
Las actividades de la UGM no se limitan a la región. Las salidas a alta montaña no son demasiado frecuentes, dadas las dificultades para las comunicaciones rápidas propias de la época, pero tampoco son inexistentes. Citare aquí las tres que considero más relevantes.
La primera ascensión efectuada por valencianos, a una cumbre de alta montaña importante, fue realizada en el año 1951 por los miembros de la UGM, Enrique Espí y José Bernet (y algún otro cuyo nombre desconozco), que en el transcurso de un campamento interregional de la OJE en los Picos de Europa, escalaron el Naranjo de Bulnes. El conocimiento de este hecho lo tuve, a través de una conversación, mantenida con el propio Espí, años más tarde, en el Centro Excursionista de Valencia y recuerdo cómo me contaba que acabó con las rodillas ensangrentadas y totalmente despellejadas. Cosas de la “depurada” técnica de escalada de aquel momento.
Un año después, en 1952, miembros de la UGM escalan el Torreón de los Galayos en el macizo de Gredos. Desgraciadamente, en el descenso, en el segundo rapel, un desgraciado accidente acaba con la vida de José Bernet, en el que posiblemente sea el primer accidente mortal de escalada de un valenciano.
Finalmente, en 1955, en el transcurso de un campamento de la UGM en Chamonix, Enrique Gómez Sacanelles, José Ibáñez, Gabriel Deluz, Miguel Gómez y Héctor Montaña, realizan la segunda ascensión de valencianos al Mont Blanc (La primera, como luego veremos, fue realizada, un año antes, por un socio del Centro Excursionista).
Abro aquí un paréntesis para indicar que también tengo noticia de otra ascensión al Mont Blanc realizada en la década de los 50. Desconozco la fecha exacta, aunque creo que es posterior al año 55, por lo que sería la tercera ascensión al Mont Blanc efectuada por valencianos. Fue protagonizada por el Padre José Ivancos Brú, capellán durante más de 30 años del Hospital General de Valencia y ligado al movimiento scout valenciano. En Internet, en la web del grupo scout X del colegio del Pilar de Valencia, en el apartado que relata la historia del grupo, puede verse una referencia a este hecho, además de un interesante relato de la génesis de los primeros grupos scouts de Valencia.
Con anterioridad tanto a la UGM, como al Centre Excursionista de València ¿existen otros antecedentes de escalada en Valencia?
Sí, existen, aunque como más adelante veremos, el conocimiento que tenemos, de esta etapa, que llamaremos de los pioneros, es muy escaso, por no decir casi nulo. En los capítulos finales de conclusiones trataré de explicitar lo poco que se conoce de esta etapa previa
En los años 50 ¿se practica la escalada en Valencia en algún otro sitio además de en la UGM?
La UGM es el único hogar de la OJE dedicado exclusivamente a la montaña y especialmente a la escalada. Existen otros hogares en los que entre otras actividades se practican las ascensiones y travesías de montaña, pero todavía no actividad de escalada. Como más adelante veremos, esta actividad de escalada da comienzo en otros hogares de la OJE en los primeros años de la década de los 60.
Si se practica escalada en otras dos entidades. En primer lugar citaré al Club Montañero Valenciano, adscrito también a una entidad gubernamental, Educación y Descanso, perteneciente a su vez al Sindicato Vertical. Sus miembros son jóvenes trabajadores, algo más mayores, aunque no mucho, que los chavales de la UGM. La actividad fundamental de esta entidad es el excursionismo, pero algunos miembros practican también habitualmente la escalada. Aunque no son muy numerosos, tanto por sus actividades en ese momento, como por la relevancia de algunos de ellos en momentos posteriores, considero que ineludiblemente deben ser citados. Son Los hermanos Jiménez, José, Albino y Adolfo, los hermanos Aranda, Rafael y Pepín y Francisco Gramaje. Realmente, todos ellos fueron inicialmente socios del Centro Excursionista de Valencia, pero por alguna desavenencia que no viene al caso, se pasaron al Club Montañero Valenciano, en el que permanecieron algunos años, para regresar finalmente al CEV.
Sus actividades de escalada habituales las efectúan en las mismas zonas ya citadas al hablar de la UGM, pero adicionalmente aportan el conocimiento de alguna zona nueva en la que abren las primeras vías. Destacaremos la primera ascensión a la Silla del Papa por la cara interior efectuada por Francisco Gramage y Rafael Aranda en el 52 y la primera vía abierta en las paredes del Peñagolosa apertura efectuada por José Jiménez y Pepín Aranda (desconozco el año).
Como anécdota diré que la primera escalada realizada en Valencia, que esté documentada por escrito, la realizaron en 1951 Francisco Gramaje y Manuel Martínez en la Agulla del Pi. En internet he encontrado una referencia a este hecho, pero no el escrito original. La referencia a esta escalada se puede encontrar en internet en el artículo “Peñas de Guaita. Escalar por la historia del montañismo valenciano” que también contiene una interesante guía de las Peñas de Guaita.
Es ineludible citar también al Centro Excursionista de Valencia. Su fundación es un año anterior a la de la UGM. Se produce en 1946 como fusión de varias entidades excursionistas (Peña Eolo, Peña Alegre Ruzafa, Societat Atlético Gimnástica Levantina y Colla del Sol) y hasta su desaparición ha sido la entidad decana del excursionismo y el montañismo no solamente en Valencia capital, sino también en lo que hoy constituye la Comunidad Autónoma de Valencia. En su etapa inicial, desde su fundación hasta ya avanzada la década de los 50, sus actividades de escalada no fueron demasiado numerosas ya que también el número de socios fue muy escaso en sus primeros años de andadura (31 socios en 1948, dos años después de su fundación). Sin embargo sus primeros escaladores son anteriores a la UGM e incluso al propio CEV, ya que tanto Juan Solves como Manuel Solís y Juan Sanchís, que ya practicaban escalada con anterioridad a 1946, se incorporan al mismo procedentes de una de las entidades fundadoras. A Juan Sanchís concretamente, en esos momentos iniciales se le puede considerar, como uno de los máximos exponentes en Valencia de la escalada de dificultad. También debemos nombrar a Rafael Cebrián, que se incorpora al CEV en 1948 con 14 años y que tras realizar su primer cursillo en 1951 también practica la escalada, ya en aquellos primeros años de su larga trayectoria en la sociedad.
Naturalmente, los escaladores del CEV también visitan las zonas indicadas al hablar de la UGM y también contribuyen a la apertura de vías en alguna zona nueva. En este último aspecto debemos resaltar la primera ascensión al Risco del Fraile, realizada en 1946 por Javier Sánchez y José Gómez y que durante años fue considerada como referente de dificultad.
De todas formas, la actividad de escalada en el CEV en los primeros años de la década de los 50 no es demasiado alta. En este sentido, debemos tener también en cuenta que una de las causas de esa menor actividad fue la mayor dispersión de las actividades, ya que los escaladores del CEV de aquel momento compatibilizaban la práctica de la escalada con la espeleología, las ascensiones y las travesías.
En lo que se refiere a la alta montaña, las primeras ascensiones y travesías en el Pirineo por miembros del CEV fueron ya realizadas en el año 52 y fueron protagonizadas por Juan Sanchís, Juan Solves y Rafael Cebrián.
Hito importante es también la ascensión al Mont Blanc protagonizada por Rafael Serra en el año 1954 en el curso de un viaje organizado por el CEV a los Alpes y que constituye la primera ascensión de un valenciano a la cumbre más alta de Europa.
La actividad se incrementa a partir del año 1958, a raíz de la incorporación al CEV de nuevos socios escaladores procedentes tanto de la UGM como del Club Montañero Valenciano. De estos hechos entraremos en detalle, en el próximo apartado. Quedémonos ahora con tres hitos importantes realizados por estos nuevos socios del CEV, efectuados aún dentro de la década de los años 50, pero ya en sus últimos años.
En 1958 Miquel Gómez, Ángel Tebar y Amadeo Botella abren la vía valencianos en el Peñón de Ifach, probablemente la vía clásica más veces repetida de toda la Comunidad Valenciana.
En 1959 Miguel Gómez y Rafael Aranda abren la vía exterior a la Silla del Papa, referente en aquellos momentos de dificultad en escalada artificial.
También en 1959 Antonio Martín Mateo y Mario Jiménez efectúan la que considero que es la primera apertura de una vía en alta montaña realizada por valencianos. Concretamente la vía Edelweiss en la arista izquierda de Tozal del Mayo.
La decadencia de la UGM y el comienzo del auge del Centre Excursionista de València
Al final de la década de los años 50, probablemente a partir de 1958, el interés de la OJE por apoyar los deportes de montaña en general y la escalada en particular, aunque no desaparece, decae. Este hecho, como consecuencia del proyecto de rehabilitación del Palacio de Cervelló, afecta especialmente a la UGM, ya que las obras en el palacio, obligan a trasladar a sus miembros a otras sedes y provocan su desaparición.
Paralelamente, con el paso del tiempo, los primeros chavales que entraron en la UGM teniendo 16 años, tienen ya 19 o 20. Tienen ya algo más de disponibilidad económica y una parte de ellos, Antonio Martí Mateo, Amadeo Botella, Miguel Gómez y Ángel Tébar, en 1958 abandonan la UGM para incorporarse al Centro Excursionista de Valencia. También lo hacen algunos de los miembros más antiguos, como Enrique Espí, Hector Montaña, Vicente Sánchez “Tatín” y Antonio Daza, este último tras una breve estancia en el Club Montañero Valenciano.
Algunos de los más jóvenes de la UGM, concretamente Pedro Jorge Notario, Javier Pi y yo mismo, aunque ya por breve tiempo, aún permanecemos en la OJE, aunque se nos incorpora al hogar José María Bernet situado junto al Almudín. Nuestra estancia en dicho hogar es breve, inferior al año, finalizando con nuestra incorporación también al Centre Excursionista de València.
El Centre Excursionista de València en la década de los 60
En los inicios de la década de los sesenta, el Centre Excursionista de València, salvo algunas excepciones que permanecen en hogares de la OJE y que en el próximo apartado comentaremos, aglutina a la inmensa mayoría de los escaladores de Valencia. No solamente acoge a los que nos incorporamos provenientes de otras instancias, que nos sumamos los que ya estaban allí y que en ambos casos han sido ya nombrados, sino también a bastantes más que paulatinamente se van incorporando. Dar sus nombres me resulta delicado. Son muchos y temo dejarme alguno en el tintero. Con alguna ayuda he confeccionado esta relación que espero sea bastante completa: Jesús Burguera, Luis Barrachina, Carlos Máñez, Miguel Domenech, Javier Pi, Carlos Alba, Manuel Grau, Toni G. Artal, Sento Romero, Joan Roig, Manolo Ambou, Joan Adalid, Rafa Gálvez, Miguel Gascón, Juan Carlos Torregrosa, Fernando Martínez, Francisco Signes, Ricardo Muñoz, José María Felip y Rafael Martín Caro.
Entre unos y otros, a ojo de mal cubero, estimo que el número de escaladores encuadrados en el CEV se sitúa, en los inicios de la década, en el entorno de las 30 personas, con tendencia a incrementarse a lo largo de los años.
Todavía no existen los móviles, ni internet ni el WhatsApp. Si quieres quedar con los compañeros para salir de excursión el fin de semana, necesariamente has de ir el viernes al Club. Recuerdo con cariño y nostalgia las reuniones de los viernes en la sede del Centro Excursionista de la calle de Caballeros, en las que nos juntamos todos, senderistas, excursionistas, espeleólogos, escaladores, etc., como una gran familia de adictos a la naturaleza en general y a la montaña en particular y en las que tenías la oportunidad de charlar con unos y con otros, en unas estancias en las que no ya no cabía ni un alfiler más.
Un hito importante en estos primeros años de la década es el constituido por la creación de la Federación Valenciana de Montaña (hoy FEMECV) en el año 1963. En aquellos momentos en los que aún no existen las autonomías, comprende las provincias de Valencia, Alicante, Castellón, Murcia y Albacete. Su primer presidente es Antonio Daza. Todos los vocales y cargos de la misma, marchas, campamentos, senderos etc., incluyendo los dos más directamente relacionados con el alpinismo y la escalada, el director de la ENAM y el presidente del GAM son, en esa época, también miembros del CEV. En esos momentos, hablar de la Federación Valenciana de Montaña o hablar del Centre Excursionista de València es prácticamente hablar de lo mismo.
Desde el punto de vista de la escalada es un periodo de desarrollo. En la región, se van ampliando las zonas de escalada y se van abriendo nuevas vías. La práctica hace que se mejore la técnica y que cada vez se puedan realizar vías de mayor dificultad.
La expansión se efectúa sobre todo en la provincia de Alicante. Se abren nuevas vías en paredes de diferentes sierras y lugares, entre las que citaré a modo de ejemplo el Peñón de Ifach, las sierras de Benicadell, Bernia, Aitana y Mariola, el Puig Campana, el Ponoch, el Divino, Peña Roc y el Tozal de Levante, por citar algunas de entre las nuevas zonas de escalada. Esta expansión hacia las sierras alicantinas se produce ya desde los primeros momentos de la década, pero sobre todo en la segunda mitad, impulsada por la mejoría de la situación económica que posibilita un rápido desplazamiento en coche particular. La motivación también parece clara, la búsqueda de mayores desniveles. Las zonas próximas a Valencia capital están ya muy trilladas y solo permiten escaladas de un largo de cuerda o dos. Excepcionalmente como mucho tres. En las citadas sierras alicantinas se pueden encontrar paredes y crestas, todavía vírgenes en escaladas y con desniveles bastante mayores.
En lo que se refiere a vías concretas, son muchas las abiertas en estas sierras a lo largo de la década. Intentar citarlas todas sería una labor que me excede. Citaré solo cuatro, a modo de ejemplo.
La primera es efectuada en fechas muy tempranas a la década, en el año 1961, o quizás en el 62, por Antonio Martín Mateo y Rafael Cebrián en la cara sur del Puig Campana. No tiene excesiva dificultad, pero tiene la virtud de ser la primera abierta en el Puig Campana y la primera abierta en Valencia con un desnivel importante.
La segunda es el Espolón Central, también en el Puig Campana, vía abierta en 1970 por Juan Carlos Torregrosa, Joan Roig y Miguel Gascón, con un vivac ya en la salida.
La tercera es la vía abierta por Juan Maldonado y Pedro Jorge Notario en la pared del Divino en Sella en 1971.
En el caso de la cuarta, me voy a permitir una licencia. Es posterior al año 1972. Se sale por tanto del marco temporal que me había marcado, pero considero que es de justicia citarla. Es la vía Valencianos, abierta por Juan Adalid y Juan Carlos Torregrosa en el Ponoch en 1974.
La expansión por tierras alicantinas no significa el abandono del terreno de juego habitual, al que se sigue acudiendo y en donde también se abren nuevas vías. Citaré cuatro, a título de ejemplo.
- La primera es la vía de los tres, en la cara sur de la Torre Cabriel en los Cuchillares de Contreras. La vía fue abierta por Pedro Jorge Notario, Javier Pi y Enrique Torres en tres días, a lo largo de los años 1963, 64 y 65. Esto suena bastante raro, pero la explicación es sencilla. Por aquella época Pedro y yo estábamos estudiando, él en Pamplona y yo en Bilbao. Javier permanecía en Valencia donde nos juntábamos los tres en las vacaciones de Navidad. El 31 de diciembre de cada año, acudíamos a los Cuchillares y pasábamos la Nochevieja en una cueva al pie de la Torre Cabriel. A la mañana siguiente, uno de enero, no demasiado temprano y bastante resacosos, acometíamos la escalada. Esa misma tarde regresábamos a Valencia. En tres años la vía fue abierta. En aquel momento era la vía de mayor dificultad de los Cuchillares.
- La segunda es la vía Tacos en el Barranco de Carcalín. Fue abierta por Sento Romero y Joan Roig en 1968. Todo aquel que tenga curiosidad puede acercarse a este itinerario y comprobar tanto el buen uso, como el abuso en la utilización en escalada de tacos de madera. Así mismo podrá comprobar el tamaño que pueden llegar a alcanzar estos artilugios.
- La tercera, realizada también en el 68, es la ascensión efectuada por Toni G. Artal y Carlos Alba a la cara Oeste del Cavall Bernat.
- Finalmente, la cuarta es la vía Diana en la Mola de Segart, vía abierta en el año 71 por Miguel Gascón y Joan Adalid.
Como comentario diré que con relación a las vías de escalada, creo que si consideramos el conjunto del periodo cronológico que abarca este relato, las vías abiertas por unos y por otros, pueden pasar tranquilamente del centenar. Citarlas todas es tarea casi imposible (algunos protagonistas ya no están entre nosotros y no se les puede consultar). Adicionalmente, citar un número demasiado elevado de ellas, convertiría este escrito en una muy larga relación de nombres y fechas, que a su vez, lo convertiría en algo bastante indigesto y casi infumable. Por ello me he decantado por citar solo algunas, a modo de ejemplo, procurando que estén repartidas lo mejor posible, tanto cronológicamente, como entre las diferentes zonas de escalada y entre los distintos protagonistas. Este comentario es válido no solo para esta etapa, sino también para las descritas tanto anteriormente como posteriormente.
Por otra parte, una relación de vías abiertas demasiado amplia, es una relación de éxitos, que dan la sensación de facilidad en conseguirlos, lo que está alejado de la realidad. No solo la apertura de nuevas vías, sino la escalada en general requiere de voluntad y esfuerzo. En su práctica se pasan buenos momentos pero también “no tan buenos” y además no está exenta de riesgos.
Si esto de los riesgos, alguien no se lo cree, puede preguntarle a Rafa Gálvez, que en la exterior de la Silla del Papa tuvo un largo vuelo, en el que arrancó sucesivamente cuatro clavijas, afortunadamente con un aterrizaje del que salió indemne. O también a Miguel Gascón, al que rapelando en la Montaña Redona una piedra puntiaguda desprendida le perforó el casco y le dejó en la cabeza un buen tajo. En cualquier caso, en un relato que pretende ser histórico, creo que conviene no solo contar lo bueno, sino también “lo no tan bueno”.
En lo que se refiere a alta montaña, al principio de la década las visitas todavía no son muy frecuentes. Hay que tener en cuenta que en aquellos momentos eran muy pocos los afortunados que disponían de un coche y que el desplazamiento a Pirineos con medios públicos tenía, como mínimo, una duración de día y medio para ir y otro tanto para volver. No son tampoco nulas, y ya a principios de la década bastantes de las vías clásicas tanto en Pirineos como en Gredos ya están realizadas por escaladores del CEV. Solo a título de ejemplo ya que me consta que hay bastantes más, citaré las crestas del Diablo, las Crestas de Salenques, la cara norte del Cilindro de Marboré y la cara norte del Perdido en el Pirineo o el Gran Galayo vía Gran diedro y el Torreón de los Galayos vía Malagón en Gredos. A esta lista habría que añadir un par de itinerarios con prestigio en aquel momento como son la vía Ravier al Tozal del Mallo en el Pirineo y la sur directa al Torreón de los Galayos, que en el año 1962 ya están realizadas por miembros del CEV.
A mediados de la década, las salidas al Pirineo ya se han incrementado y practicante todas las clásicas del Pirineo están ya realizadas por miembros del CEV. También se ha realizado un buen ramillete de los itinerarios más prestigiosos del momento. A título de ejemplo citaré la vía Anglada – Guillamón a las Agujas de Amitges en el Pirineo Catalán, El Couloir de Gaube en el Vignemale, el Dedo de Pombie en el Midi d´Ossau y la vía Anglada – Guillamón al Tozal del Mallo en el Pirineo Central y la cara este de la Gran Aguja de Ansabere en el Pirineo Navarro.
A partir de la segunda mitad de la década, las actividades incluyen salidas a los Alpes, sobre todo, aunque no únicamente, al macizo del Mont Blanc, en el que, al finalizar la década, alpinistas del Centro Excursionista han realizado ya un buen lote de los itinerarios más clásicos de la época. Citaremos entre otros (hay bastantes más) la crestas de Rochefort, La Dent de Requin vía del Chapeau a Corne, la Dent du Geant, la Aiguille de Argentiere por la Fleche Rouge, La Aiguille de la Brioche vía Contamine, el Grepon vía Lochmater, la Aiguille de Bionassay cara norte, la Aiguille de Midi vías Contamine y Rebuffat, la Aiguille de Peigne por la arista des Papillons, el Mont Blanc por el espolón de la Brenva, o la vía Bonatti al Grand Capucin de Tacul. En otros macizos alpinos destacaré en las Dolomitas la Torre Winkler vía Steger y la Torre del Barancio vía Constantini – Minardi en el macizo de la Civetta, la Guglia de la XLIII Legione Alpina Piave arista sureste en el macizo de las Cinque Torri y la Cima Picolísima por la vía Preuss en el macizo de las Tres Cimas da Lavaredo.
Si nos situamos en el año 1968 y resumimos lo dicho hasta ahora, podemos resaltar cuatro hechos:
- Primero, en el Pirineo, prácticamente todas las vías clásicas y la gran mayoría de las de mayor dificultad, están hechas por miembros del Centro Excursionista. Por supuesto que ninguno las ha hecho todas, pero entre todos está hecha la inmensa mayoría.
- Segundo, se llevan ya varios años en los que más de una cordada acude a escalar a los Alpes. Sobre todo al macizo del Mont Blanc, pero también a otros macizos de los Alpes Centrales y a las Dolomitas. Un buen puñado de ascensiones y escaladas clásicas están ya hechas por miembros del Centro Excursionista, tanto en roca como en hielo.
- Tercero, siete miembros del Centro Excursionista, previo cumplir en su historial con los requisitos exigidos, han sido admitidos ya por la Federación Española en el Grupo de Alta Montaña (GAME), en su categoría nacional, grupo honorifico que agrupa a los mejores escaladores del país. Antonio Martí Mateo que ingresa en 1962, Adolfo Jiménez y Pepín Aranda en 1965, Enrique Torres en 1967 y Amadeo Botella en 1969. A ellos se sumará un sexto, Ángel Tébar en 1972. Miguel Gómez constituye el séptimo caso. Por estas fechas está ausente en Hispanoamérica y no presenta historial ni solicitud. No obstante, dada su relevancia, sin necesidad de que él lo solicite, la Federación Nacional le nombra miembro de honor del GAME. Desconozco el año. Paralelamente, un buen puñado de escaladores del CEV han ingresado ya en GAME en su categoría regional.
- Cuarto, la actividad realizada en los últimos años de la década por escaladores valencianos del Centro Excursionista es muy similar, tanto en cantidad como en dificultad a la realizada por escaladores de las regiones punteras en España en ese momento (Madrid, Cataluña, País Vasco y Aragón, que se ha incorporado también al grupo de cabeza).

De estos hechos extraigo tres consecuencias:
- Primera. Varias páginas atrás decía que les alcanzaríamos. Ya lo hemos hecho.
- Segunda. El alpinismo valenciano aún es joven en años, pero ya ha alcanzado un grado de madurez bastante alto.
- Tercero. Esa madurez nos permite pensar en organizar una primera expedición valenciana extraeuropea.
En el año 1968 se prepara y se presenta a la Federación Española de Montaña el proyecto de una expedición a Groenlandia que es aprobado. Tras los correspondientes preparativos, la expedición saldrá dos años después en 1970.
La situación en los hogares de la OJE en la década de los 60 y primeros años de los 70
En la década de los 60 existen un par de hogares de la OJE, en los que se practica escalada. Citaremos en primer lugar el hogar José Bernet en el que se encuadran José María Felip y Rafael Martín Caro, que comienzan su actividad en dicho hogar en el año 67. En aquel momento, dicho hogar es la sede de la Escuela Provincial de Montaña de la OJE, en la que desarrollan tanto Jose María Felip como Rafael Martín Caro sus primeras actividades, convirtiéndose en poco tiempo en instructores y guías de la misma. En el año 1971, ambos se incorporan al Centre Excursionista de València.
Como actividad más relevante citaremos la sexta repetición de la prestigiosa cara oeste del Naranjo de Bulnes, realizada por Jose María Felip con el miembro del CEV Amadeo Botella en 1969.
En segundo lugar citaremos el Hogar Jesús Vélez. Las actividades de escalada se inician en el año 67 de la mano de Federico Bonet, Vicente Oltra y José Frías, que ese mismo año de 1967 fundan el grupo AALOS. A este grupo se incorpora el incombustible José Luis Agustí en el 68 y Paco Infer en el 70.
La actividad de escalada del grupo AALOS se desarrolla fundamentalmente en las mismas zonas habituales en la época, Sierra Calderona y aledaños, con alguna salida a tierras alicantinas ya entrados en los 70. Destacaremos sus cinco vías abiertas en el 70 en el barranco del Carcalín, siendo la más conocida la directa AALOS y la apertura de 12 vías entre el año 72 y 73 en la zona de Peña Roc (próxima al Ponoch), siendo en este caso la vía Lucas la más representativa.
La actividad de mayor relevancia del Grupo AALOS, su expedición a Groenlandia, queda ya fuera del marco temporal de este escrito.
La situación en el resto de Comunidad en la década de los sesenta
Hasta ahora nos hemos referido a la situación en la ciudad de Valencia. En este apartado daremos ahora unas pinceladas de la situación en el conjunto de lo que hoy es la Comunidad Autónoma homónima.
Como ya hemos indicado el Centre Excursionista de València es la entidad decana. A su estela, y desde fechas tempranas, van surgiendo a lo largo y ancho de la Comunidad otras entidades excursionistas y montañeras, en su gran mayoría amparadas bajo la misma denominación, Centro Excursionista de la población correspondiente.
Sin embargo, desde el punto de vista de la escalada, su desarrollo fuera de la ciudad de Valencia, no se comienza a producir hasta ya mediada la década de los años 60, y considerada en el conjunto de la Comunidad, es bastante escasa. Sin embargo hay individualidades notables. Por su actividad destacaríamos los Centros Excursionistas de Alcoy, Cocentaina, Onteniente y Elda, así como la Unión Excursionista de Elche. En cuanto a personas, que practiquen la escalada destacaríamos las figuras emergentes de Manolo Jaén y Juan Montesinos en Elche, Héctor Verdú en Onteniente y José Navarro y Helios Paya en Elda.
Regresamos al Centre Excursionista de València. Hechos relevantes en los años 1969, 1970 y 1971 y 1972
Estos años constituyen la culminación de una etapa del montañismo valenciano, en la que el Centro Excursionista de Valencia y sus miembros siguen siendo protagonistas.
Los hechos más relevantes son los siguientes:
- En el año 1969 se realiza una salida conjunta a los Alpes y más concretamente al macizo del Mont Blanc, por parte de los miembros de la expedición a Groenlandia que saldrá el siguiente año. En su transcurso Ángel Tébar y Enrique Torres efectúan la primera ascensión nacional a la Aiguille Verte por el Couloir Couturier. Al término de la salida conjunta, Enrique Torres permanece todavía en Chamonix y con compañeros vascos realizan la tercera ascensión nacional y quincuagésima absoluta a las Grandes Jorasses por el Espolón Walker.
- En el año 1970 se desarrolla la Expedición Valenciana al Ártico “Groenlandia 70”. Transcurre en una región nunca explorada anteriormente y se ascienden 25 cumbres vírgenes hasta ese momento. Participan en la misma Pepín Aranda, como jefe de la expedición, Ángel Tébar, Amadeo Botella, Héctor Verdú, Baldomero Burguerola y Enrique Torres como alpinistas y Vicente Manglano en calidad de médico de la expedición.

- En el año 1971, tras las dos primeras, celebradas respectivamente en Monserrat y en la Pedriza, el Grupo de Alta Montaña Regional Valenciano, cuyos componentes en ese momento, son en su totalidad miembros del CEV, tienen el honor de organizar la Tercera Reunión Nacional de Escaladores que se celebra en los Cuchillares de Contreras en el mes de octubre.
- En el año 1972 se efectúa una nueva expedición denominada “Del Tupungato al Aconcagua”. En su transcurso, entre otras actividades Miguel Gómez, Antonio Martí Mateo, Ángel Tébar y Amadeo Botella efectúan la quinta ascensión absoluta, y primera en estilo alpino a la muy prestigiosa pared Sur del Aconcagua.
Estos cuatro hechos, especialmente las dos expediciones refuerzan la opinión de que el alpinismo valenciano ha alcanzado la madurez.
Miguel Gómez Sánchez
La expedición valenciana a Groenlandia es la primera expedición que se organiza en Valencia, pero sus miembros no son los primeros expedicionarios valencianos. El primer valenciano en participar en una expedición fue Miguel Gómez. Miguel nace en 1936, y como ya hemos indicado, inicia su andadura montañera en la UGM y pasa pronto al Centro Excursionista. Su primera estancia en el CEV no es larga, ya que, llevado de su inquietud y su enorme afición a la montaña emigrara pronto a Hispanoamérica, pero sí intensa, participando en la apertura de numerosas nuevas vías. Ya hemos citado dos de las más conocidas, la Valencianos al Peñón de Ifach y la exterior de la Silla del Papa.
En Hispanoamérica reside en Argentina, Chile y Perú. Es matricero, oficio muy demandado en ese momento. En cuanto por su trabajo consigue el dinero suficiente se desplaza a los Andes. Entre sus ascensiones en esta cordillera se encuentran varias cumbres vírgenes. Una de ellas la bautiza con el nombre de Centre Excursionista de València. Muy pronto se gana una merecida fama en el ambiente andinista de la época. Esta fama llega a oídos del prestigioso alpinista y explorador Eric Shipton, que está preparando una expedición por la Patagonia. Lo enrola en su expedición que consigue atravesar por primera vez el Campo de Hielo Patagónico.
Regresa a España y en 1972 participa en la expedición del Tupungato al Aconcagua, ya mencionada, que consigue la ascensión de la Pared Sur del Aconcagua.
Aunque a partir de aquí, salimos del marco temporal que he considerado para este escrito, no me resisto a reseñar, aunque sea muy brevemente, algunas de sus actividades posteriores.
Además de las dos ya mencionadas, participa en otras seis expediciones. Citaré las tres más importantes. En 1986 consigue el primer 8000 valenciano, el Nanga Parbat (8.125 m), en 1988 el Makalu (8.481 m) y en 1990 el Cho Oyu (8.153 m). No deja de escalar hasta su prematura muerte a los 75 años en 2011.
No hubiese sido justo terminar este escrito sin dedicar un apartado a su persona, que en mi opinión es una de las figuras más relevante del alpinismo valenciano, de todos los tiempos.
La aportación femenina
La primera escaladora valenciana es Palmira Calvo. La primera referencia que he encontrado en Internet sobre escalada femenina en Valencia se refiere a ella y cita su escalada al Risco del Fraile en Chera realizada en 1952.
No muchos años después, posiblemente en el entorno de 1953 o 1954, practican también la escalada Maruchi Cisneros y Maribel Barberá, parejas entonces y posteriormente esposas de Antonio Martin Mateo y Adolfo Jiménez respectivamente.
No son los únicos casos. A lo largo de la década de los sesenta, son numerosas las socias del CEV que tras el preceptivo cursillo realizan actividad de escalada. Repasando estos casos se cae en la cuenta de que el CEV no solo ha sido un buen lugar para acoger escaladores, sino que también es un lugar idóneo para el amor, ya que a lo largo del tiempo se forman bastantes parejas escaladora – escalador. Como los pimientos de Padrón, en algunos casos estas parejas se consolidan y perduran hasta hoy y en otros casos no.
Citaremos también la primera ascensión valenciana femenina al Mont Blanc realizada por las socias del Centro Excursionista de Valencia: Palmira Andreu, Concha Muñoz y Lourdes Martínez, realizada en el año 1968.
Recapitulación y conclusiones
Sintetizando y estructurando lo escrito hasta ahora, considero que los inicios de la escalada en Valencia pueden dividirse en tres periodos.
En primer lugar tendríamos el periodo de los pioneros.
Cuando hablo de pioneros, estoy hablando de los primeros escaladores de Valencia, o dicho con otras palabras, practicantes del deporte de escalada anteriores a la fundación del CEV y de la UGM.
Como ya he indicado, la única referencia bibliográfica que he encontrado al respecto es la constituida por el ya mencionado artículo de Pedro Jorge Notario, bastante reciente. Ningún otro relato ni contemporáneo con los hechos, ni en fechas cercanas. En la elaboración de este apartado, para tratar de reconstruir la historia de nuestros pioneros no solo me he basado en el escrito de Pedro Jorge, también he mantenido al respecto una interesante conversación con Rafael Cebrián. A lo largo de este apartado iremos desgranando las aportaciones de ambos.
En primer lugar incidiré en la ausencia de antecedentes escritos contemporáneos con los hechos que pretendemos relatar. Es curioso que en el ya mencionado artículo de Joan Grifoll, que se extiende en citar casos de pioneros españoles de los años 20 y 30 del siglo pasado, siendo como es valenciano, no exista ninguna mención a algún pionero de la “terreta.” Tampoco existen en la casi exhaustiva obra de Pérez de Tudela. Y no existen, por la sencilla razón de que no hay información al respecto. Yo también he buscado algún antecedente escrito, y no he encontrado nada. Y cuando digo nada, quiero decir nada de nada. Para conocer la historia de nuestros pioneros, estamos por tanto en manos, por una parte de información de transmisión oral y por otra parte a expensas de lo que podamos deducir indirectamente.
Analizaremos a continuación el escrito de Pedro Jorge Notario. En su primera afirmación indica claramente que su información procede de transmisión oral de una antigüedad considerable, y que además es indirecta, ya que procede de personas que tampoco conocieron los hechos directamente, con todas las salvedades que ello conlleva desde el punto de vista de la fiabilidad. Partiendo de esto y utilizando la deducción y la lógica, nos da pistas de cómo pudo ser la actuación de nuestros pioneros en diferentes aspectos tales como primeras vías de escalada, material utilizado, formas de asegurar y otros aspectos más.
En resumen, se trata de un loable intento de llegar a conclusiones sobre la actuación de nuestros pioneros, cuyas principales virtudes son por una parte la de ser el primero que lo intenta y por otra, la de llegar a algunas conclusiones. Su principal inconveniente es que a lo que llega es a hipótesis, pero no a certezas. Con los escasos mimbres de los que parte Pedro Jorge, difícilmente podía haber llegado a ninguna otra cosa.
Pasemos ahora a la conversación con Rafael Cebrián. Fue breve pero contundente. Lo que me transmitió fue lo siguiente: Entre los miembros fundadores que en un primer momento se incorporan al Centro Excursionista había tres personas, cuyos nombres son Juan Sanchis Ferrer, Juan Solves Aguilar y Manuel Solís Viver, que ya escalaban con anterioridad a la fundación del CEV. De entre las entidades que se fusionan, estas tres personas pertenecían a la Societat Atlético Gimnastica Levantina (SAGEL). Nada más. Y nada más porque no tiene conocimiento de nada más.
Rafael Cebrián entro al CEV muy pocos años después de su fundación. No solo conoció a estas personas sino que aprendió a escalar de su mano y posteriormente escaló con ellas. Los conoce bien. La información que me transmite no deja de ser una información de transmisión oral, pero una información de primera mano perfectamente fiable.
Lo lamento profundamente. En este apartado me hubiese gustado relatar una historia que se remontase a los años 20 y 30 del siglo pasado y contar las aventuras y desventuras de nuestros pioneros. Ese es el bagaje de tradición y solera que tienen en otras regiones españolas. En nuestro caso la historia de nuestros pioneros, como hemos visto, se puede contar en un solo párrafo y además corto.
Adicionalmente, los protagonistas no están ya entre nosotros y creo que tampoco será ya posible encontrar a ninguna otra persona que sea escalador o al menos entienda de escalada, los haya conocido y nos pueda ampliar la información de Rafael Cebrián. Creo que nunca podremos ampliar ese párrafo. Lo siento, pero es lo que hay y no hay más cera que la que arde.
En segundo lugar tendríamos el periodo de la prevalencia de la UGM.
En las páginas anteriores he dado ya unas pinceladas sobre este periodo. Procuraré ahora sistematizar algo más su descripción.
Cronológicamente se inicia en el año 1946. Viene marcado por la aparición en escena primero del CEV y poco después de la UGM y termina con la desaparición de la UGM en el último año de la década de los 50.
Desde el punto de vista social se caracteriza por la adscripción de los escaladores a asociaciones de mayor entidad que en la etapa anterior, tanto del ámbito estatal, UGM y Club Montañero Valenciano, como en el ámbito de la sociedad civil (Centre Excursionista de València). Siendo la UGM la que reúne un mayor número de escaladores.
Desde el punto de vista humano, en las páginas anteriores ya hemos indicado los nombres de los principales protagonistas de esta etapa, tanto en la UGM, como en el Club Valenciano de Montaña y en el Centre Excursionista de València. Quisiera ahora destacar a tres personas.

- Por la UGM a José Bernet, escalador de mucha finura y buenos modos y en suma poseedor de una técnica que no era normal en aquella época y que hubiese llegado muy lejos si un lamentable accidente no hubiese truncado su vida.
- A Juan Sanchis por el CEV. Hombre de unas facultades extraordinarias, pionero en nuestros lares y maestro de muchos otros escaladores en los primeros momentos del CEV.
- A José y a Albino Jiménez, que pueden contarse también entre las primeras personas que se ataron a una cuerda para ascender por las paredes de nuestras montañas y que también fueron maestros e impulsores de una generación de escaladores. Lamentablemente, por razones laborales desaparecieron pronto de Valencia para afincarse en Alemania y en Madrid respectivamente.
Desde el punto de vista técnico, el periodo se caracteriza por la utilización de cuerdas de cáñamo, mosquetones y clavijas de hierro, estas últimas en bastantes ocasiones, de fabricación artesanal y tacos de madera. Por la mitad de este periodo, se comienzan a utilizar los estribos, lo que propició los inicios de la escalada artificial. En cuanto a calzado por la utilización, sobre todo en los momentos iniciales de abarcas con suela de neumático de camión pasando a utilizarse posteriormente calzado con suela de goma vulcanizada tipo chiruca. En cuanto a vestimenta, se generaliza el uso de pantalón bávaro y en el resto cada uno con lo que tiene o con lo que puede.
Tanto la relación de las zonas de escalada en la región como las principales vías abiertas en el periodo, ya se han explicitado en las páginas anteriores.
En materia de alta montaña, tanto los Pirineos como Gredos y los Picos de Europa se comienzan ya a visitar, aunque de forma esporádica, pero se efectúan ya las primeras ascensiones a cumbres relevantes. Así mismo, se efectúan las primeras visitas a los Alpes, centradas en esta etapa en tres ascensiones al Mont Blanc que ya hemos comentado.
Como comentarios personales, añadiré dos, uno relativo a la UGM y otro al Centre Excursionista de València.
UGM. Con independencia de las motivaciones políticas que pudieron propiciar la fundación y el desarrollo de la UGM, en las que ni entro ni salgo, lo que realizaron, partiendo de cero y de forma autodidacta, sus primeros miembros e instructores, tanto desde el punto de vista de su actividad montañera personal, como desde el punto de vista de la enseñanza y la facilitación de la práctica de la escalada a los jóvenes que allí recalamos, considero que difícilmente pudo ser realizada si no hubiesen tenido una buena dosis de amor por la montaña.
CEV. El Centro excursionista de esta época, supo actuar como un polo de atracción, que acabó, al final de la década por agrupar en su seno a la inmensa mayoría de los escaladores valencianos del momento. Esta capacidad de atracción, en mi opinión, es lo que puso los cimientos para su éxito en la década siguiente.
En tercer lugar tendríamos el periodo de prevalencia del Centro Excursionista de Valencia.
Cronológicamente este periodo tiene su comienzo en el inicio de la década de los años 60 para terminar en el año 1972 tras la expedición del Tupungato al Aconcagua.
Desde el punto de vista de las entidades en las que se encuadran los escaladores, el periodo vendría caracterizado por la prevalencia del Centre Excursionista de València, que aglutina a la inmensa mayoría de los escaladores de lo que hoy es la Comunidad Valenciana, con alguna excepción en la ciudad de Valencia en algunos hogares de la OJE, y algunas individualidades diseminadas en algunos otros Centros Excursionistas u otras entidades de distintas poblaciones de la Comunidad.
Desde el punto de vista humano, en las páginas anteriores ya se han citado los nombres de los principales protagonistas, tanto socios del Centre Excursionista València como encuadrados en hogares de la OJE o en otras entidades excursionistas de poblaciones de la Comunitat Valenciana.
Existe otro importante grupo de personas, que entraron en el CEV y realizaron actividad de escalada con anterioridad a 1972, pero que el grueso de sus actividades y las de mayor relevancia se desarrollan con posterioridad a esa fecha. Entiendo que esas personas pertenecen a la siguiente etapa de la historia de la escalada en Valencia y es allí donde deben aparecer sus nombres y sus hechos deben ser relatados.
Al igual que en la etapa anterior, quiero también aquí destacar a algunas personas. Son las siguientes:
- Antonio Daza. No solamente fue el primer presidente de la Federación. Fue el principal impulsor de su creación y el organizador de sus primeros pasos y de los primeros contactos con el resto de las entidades excursionistas de lo que hoy es la Comunidad Valenciana. Así mismo, fue uno de los principales impulsores y organizadores de la Expedición Valenciana al Ártico de 1970. Y además, por supuesto, por su actividad montañera y de escalada.
- Pepín Aranda. Tanto por su actividad de escalada, que fue mucha, importante y variada, como por su actividad organizadora y de enseñanza. Fue el principal colaborador de Antonio Daza en la creación y organización de los primeros pasos de la Federación. También junto a Antonio Daza fue el principal impulsor y organizador de la Expedición al Ártico. Fue él quien contactó con los primeros escaladores que en aquel momento estaban emergiendo en otras poblaciones de la Comunidad y quien les ayudó a integrarse en actividades comunes con los que ya estábamos en Valencia. Finalmente fue el creador y primer director de la Escuela de Alta Montaña Valenciana (ENAM) desde la que ejerció una importante labor de Enseñanza.
- Adolfo Jiménez. No estuvo muchos años entre nosotros, ya que al igual que sus hermanos José y Albino, también él, algunos años después y también por motivos laborales se trasladó a Madrid, pero mientras estuvo entre nosotros desarrolló una intensa actividad que merece ser destacada.
- Antonio Martin Mateo. Fue el primer valenciano que ostentó el título oficial de Guía de Alta Montaña otorgado por la Federación Nacional. Fue así mismo, durante bastantes años guarda del refugio de Góriz, desde el que ayudó y orientó a muchos montañeros valencianos. Su trabajo en Góriz le apartó pronto de nuestras tierras, pero mientras estuvo entre nosotros desarrolló una actividad que merece ser destacada.
- Ángel Tébar. Que también, aunque algo más tarde, salió de Valencia, para trasladarse a Alcalá de la Selva, desde donde ha sido uno de los principales impulsores, creadores y organizadores de la estación de esquí de la Sierra de Gúdar, pero que también, mientras permaneció en Valencia desarrolló una importante actividad de escalada.
- El inefable Amadeo Botella, escalador audaz, donde los haya, también con un importante historial en su haber y que adicionalmente tan buenos momentos nos hizo pasar a los demás. Aún lo recuerdo, como si hubiese sido ayer, cuando en la Expedición al Ártico, durante nuestra breve estancia en la población de Angmassalik, estaba en la puerta de la tienda de campaña, rodeado de chiquillos esquimales, a los que estaba enseñando a decir “collons” y otras lindezas similares, que los chiquillos coreaban a voz en grito, con su acento inuit.
- Como no, Miguel Gómez, al que ya hemos dedicado un apartado específico.
- Finalmente Pedro Jorge Notario y Enrique Torres, aunque en este caso solo a medias ya que, a partir de mediados de la década de los sesenta, por su condición de estudiantes, durante el curso escolar desaparecían de Valencia para afincarse respectivamente en Pamplona y en Bilbao, donde decían que estudiaban. Realmente, a lo que se dedicaban allí era a escalar con compañeros navarros y vascos respectivamente y durante las vacaciones de navidad, semana santa y el verano con colegas valencianos, o con quien se terciase. En el caso de Pedro, hasta con friulianos. Y también, sin falsas modestias, por sus historiales.
Desde el punto de vista técnico, el periodo se caracteriza por la aparición de las cuerdas de materiales sintéticos (nailon o perlón), nuevas variedades de clavijas que suelen ser ya de aleaciones ligeras y maleables, mosquetones de aluminio y por la utilización de calzado específico para escalar, las llamadas “cletas”, bota ligera de serraje con suela rígida vibram y también botas rígidas para alta montaña. Hacen también su aparición la vestimenta y equipación de plumón especializada para montaña, sacos de dormir, pies de elefante y chaquetas de plumón (plumíferos). En este aspecto, quién no recuerda las botas de Pedro Acuña o los sacos y plumíferos de Pedro Gómez. El sexto grado (máxima dificultad en la época), se alcanza ya con frecuencia y por un conjunto numeroso de personas. Al final de la década se empiezan a utilizar lo que en aquel momento se llamaban clavos de expansión, pero únicamente para asegurar zonas en las que no era posible utilizar las clavijas normales (de fisura).
También aquí deseo acabar este apartado con un comentario personal, relativo al CEV. La actividad que se ha descrito, tiene sus protagonistas, con nombre y apellidos, pero en mi opinión, en un colectivo numeroso de escaladores, como el que existía en el Centro Excursionista de Valencia, durante el periodo descrito, también existe un factor, que ya no es individual, sino colectivo, que ayuda a mejorar y engrandecer la actividad de sus miembros. Cuando querías ir a una zona que aún no conocías, siempre había alguien que ya había estado y de quien podías obtener información. Existen más posibilidades de aprendizaje, y no solo por la mayor facilidad de asistir a cursillos, sino también y creo que especialmente, porque en cualquier excursión normal siempre podías aprender de los más veteranos y no solo por las orientaciones o consejos que pudieran darte, sino también por la simple observación de cómo actuaban ellos. Y también y creo que es lo más importante, por el estímulo que significaba lo que en un momento pudiese conseguir alguien, sobre los demás. Desde este punto de vista, considero que cualquiera de los que allí estábamos, hubiésemos desarrollado mucha menos actividad, si en vez de pertenecer a un colectivo como aquel, la actividad la hubiésemos desarrollado más aisladamente.
Como corolario a este comentario, deseo expresar aquí, mi agradecimiento por toda la mucha ayuda que yo recibí en su momento, de unos y de otros.
Una breve mirada hacia adelante
A partir de 1972 considero que se entra en una nueva etapa. La afición por la escalada se expande. El Centre Excursionista de València mantiene su importancia, pero ya no es casi único. Surgen escaladores a lo largo y ancho de la Comunidad. Ello conlleva que el número de zonas de escalada se multiplique. En Valencia capital surgen nuevos clubes que se pueblan de escaladores. Surgen los rocódromos, los pies de gato, el magnesio, los empotradores, los parabolts, los friends, etc. etc. La técnica mejora y la escala de grados de dificultad se queda corta y hay que añadir nuevos números. El deporte de la escalada se diversifica (Indoor, outdoor, campeonatos, etc.). La Federación sale de Valencia para afincarse en diversas poblaciones de la Comunidad.
Nada tengo que objetar a todos estos cambios. Si siempre siguiese todo igual, aún estaríamos en el Paleolítico, pero, me alegro de que afortunadamente, coexistiendo con todos estos cambios, el alpinismo y la escalada en sentido clásico y con el espíritu tradicional se mantenga. En este aspecto se deben resaltar, las expediciones organizadas por miembros del Centro Excursionista, que siguiendo el lema de cada vez más lejos, más alto y más difícil, van asaltando los ochomiles del Himalaya, culminando con la ascensión al Everest en 1991.
Pero en cualquier caso, todo esto es otra historia y otros deberán ser quienes la cuenten.
Agradecimientos
En primer lugar deseo agradecer a Pedro Jorge Notario su ayuda para escribir este relato. He recurrido a su memoria (tiene más que yo), sobre todo para nombres y fechas, especialmente para las etapas más antiguas (UGM). Gracias Pedro.
Gracias a Rafael Cebrián, a Sento Romero, a José Luis Agustí, a Jose Maria Felip, a Rafa Gálvez y a Miguel Gascón que me han facilitado datos de diferentes periodos.
Gracias también a quien me “empujó” primero a dar una charla y a los que posteriormente me volvieron a “empujar” para ponerla en negro sobre blanco. En ambos casos y a estas alturas de la vida, el trabajo que significaba no me gustó demasiado, (a mis 83 años estoy ya para mucha tranquilidad, buen vino y poco más), pero una vez terminado me alegro de haberlo hecho. Gracias, sin vuestro “empujón” no hubiese sido posible.
Finalmente gracias, otra vez, a Joan Grifoll, por su ayuda para seleccionar e incorporar las fotografías que ilustran este relato.
Lagunas, errores y rectificaciones.
Soy plenamente consciente de que la historia que acabo de contar, puede y muy probablemente tendrá lagunas, errores y omisiones y que por tanto es susceptible de ser corregida y ampliada y en suma mejorada. Estoy plenamente abierto a corregir errores y omisiones.
Consideración final
La gran expansión de la escalada con posterioridad al año 1972, se debió, sin duda, a más de un motivo. Uno de estos motivos, creo que fue la gran repercusión mediática que tuvieron, en su momento, las expediciones de 1970 y 1972. Soler Carnicer se encargó de manera concienzuda de airear ambas expediciones en la prensa local del momento. A ello se unió el gran número de charlas y proyecciones que sus miembros, tanto de una expedición como de la otra, dimos en numerosos Centros Excursionistas y en otras entidades, a lo largo y ancho de la Comunidad.


Creo que ambas expediciones abrieron una puerta, por la que ha entrado en tropel, una nueva y exitosa generación de escaladores y alpinistas. Desde este punto de vista, creo que no solamente los participantes de dichas expediciones, sino también todos los que han aportado algo, a la historia que acabo de contar, los montañeros históricos en general, se reúnan o no actualmente en la Societat Excursionista de València, podemos sentirnos orgullosos de los éxitos de esa generación que sucedió a la nuestra. Y no solamente orgullosos, el mérito y el éxito sin duda es de ellos, que son los que han puesto la voluntad y el esfuerzo, pero una parte chiquitita de ese éxito creo que también nos pertenece ya que, en parte, esos éxitos han sido posibles gracias al camino que entre todos los montañeros históricos abrimos en su momento. Análogamente, los de mi generación, pudimos hacer lo que hicimos, gracias a que otros, anteriores a nosotros, también habían abierto un camino y nos enseñaron a transitarlo.
Enrique Torres.
Marzo de 2026


















