El pasado día 4 de este mes de junio de 2021, asistí a la asamblea de la Asociación Española de Guías de Montaña, evento al que no asistía por razones laborales o personales desde hace unos 15 años. Fue un reencuentro emocionante a nivel personal ya que los compañeros y amigos de la asociación me trataron como si en lugar de 15 años hiciese 15 días que no nos veíamos. Pasear por Jaca (donde se encuentra la sede de la AEGM), cenar con ellos, compartir recuerdos y proyectos (pese a la edad que ya tenemos algunos), compartir los problemas y expectativas de la asociación, hablar de la montaña, de los amigos que no asistieron y de los que ya nunca podrán asistir…, todo eso me hizo volver a sentirme parte de ese mundo en el que he podido vivir algunos de los momentos más intensos de mi vida.

¿Qué que es la AEGM? En 1993 un grupo de montañeros españoles que querían ser guías profesionales de montaña, como algunos de generaciones anteriores que fueron nuestro ejemplo, consiguieron aglutinar las diferentes entidades que buscaban conseguir el reconocimiento oficial de la profesión de guía de montaña, entidades como la APM (Asociación de Profesionales de la Montaña). En ese momento se inició un largo camino en parte del cual tuve el privilegio de participar: había que asociarse legalmente, constituirse en una entidad oficial con personalidad jurídica y obtener el reconocimiento administrativo correspondiente; había que coordinarse con la Federación Española de Montañismo y su EEAM (Escuela Española de Alta Montaña), había que integrarse en las entidades internacionales que representan y agrupan a los profesionales de la montaña de casi todo el mundo: la UIAGM (Unión Internacional de Guías de Alta Montaña) y lo que posteriormente sería la UIMLA (Unión Internacional de Guías de Media Montaña); había que convertir la asociación en una especie de sindicato de guías, de escuela de formación, de soporte profesional para guías de montaña y sobre todo de grupo humano que compartiese las inquietudes y obstáculos que conlleva una profesión de riesgo y gran responsabilidad en la que los profesionales se convierten en responsables de la seguridad de sus clientes y en responsables de que esas personas que han confiado en ellos para vivir una aventura en la montaña, terminen la experiencia con un grato recuerdo de grandes momentos vividos intensamente en la montaña, en ese medio que los guías amamos tanto.

Otro de los desafíos era conseguir la confianza de esos montañeros que quieren convertirse en profesionales para que viniesen a la AEGM y compartir con ellos trabajo, profesión y sueños.

El camino fue largo, duro, lleno de obstáculos desalentadores y de recompensas que nos insuflaban nuevas energías para seguir adelante, y poco a poco se iban ampliando horizontes, venía la gente, llegaban nuevos guías cuyo prestigio alpinístico engrandecía la AEGM y se iban sucediendo los grupos de socios que trabajaban hasta la extenuación para conseguir que la AEGM fuese una realidad. Se consiguió el reconocimiento de las autoridades deportivas y de otros ámbitos, como el civil y el militar y los guías fueron alcanzando ese prestigio que hace que los aficionados vuelvan la cabeza cuando se cruzan en la montaña con un guía seguido de un grupo de montañeros (clientes, aunque no nos guste demasiado el término).

En mayo de 1994 conseguí mi título de guía y el ingreso en la AEGM con el nº de socio 146. Desde un primer momento, el mayor aliciente era compartir experiencias con las personas que integran la asociación y que sin duda forman parte de la élite española del alpinismo y la escalada, era impresionante, y aún lo es, tratar de igual a igual a esas personas. El día 4, en la asamblea empecé a ser consciente de que esos sueños y esos afanes que nos impulsaban hace casi 30 años se han hecho hoy realidad, entre otras cosas con los más de 1.200 socios que integran hoy la AEGM.

Al inicio de la asamblea, como se hace siempre, se guardó un minuto de silencio por los compañeros muertos en la montaña, pero íntimamente todos lo guardamos también por los que se han ido sin estar en la montaña, trabajando como guías o durante una escalada. Realmente es una profesión de riesgo y probablemente sea ese uno de los motivos por los que los guías de montaña nos sentimos tan orgullosos de serlo, porque nos esforzamos por gestionar ese riesgo, sobre todo para proteger a nuestros clientes.

Y algunos os preguntaréis quiénes son esas personas a las que tanto estimo y admiro, pues estoy hablan de de montañeros, alpinistas y escaladores cuyos nombres habréis leído y oído muchas veces, en libros, artículos, revistas de montaña, etc…

Os mencionaré algunos nombres para situaros, aunque ya sabéis que eso no se debe de hacer, ya que no se puede citar a todos, pero como es un artículo para la familia de la Societat Excursionista de València, me voy a “mojar”. Claro que por seguir el escalafón, empezaré con el actual presidente de la AEGM, Raúl Lora, un guía de alta montaña que vive y trabaja en la sierra de Gredos, su cordillera, la de su casa, como hacían los antiguos guías pioneros de la profesión, como Rebuffat, Lachenal o Terray, aunque Raúl ha ejercido su profesión por todo el mundo, por las grandes cordilleras o parajes remotos. Siguiendo la línea presidencial, tenemos a Juan Carlos Gómez, mi compañero de grandes escaladas alpinas y expediciones al Himalaya, conquistador de cuatro “ochomiles” (Annapurna, Broad Peak, Cho Oyu y Shisha Pangma), guía de alta montaña y fundador-propietario de la empresa Montañas del Mundo, que os puede llevar a caminar a los lugares más recónditos del mundo o a escalar las montañas más altas y hermosas. Y en esa línea, claro, hay que nombrar a los hermanos Javier y Fernando Garrido, el primero es el director de la empresa Aragón Aventura, cuyo nombre lo dice todo, guía UIAGM, Técnico Deportivo en barrancos y escalada, y muchas otras cosas entre las que hay que mencionar el esquí; y Fernando, del que seguramente recordaréis una permanencia de record en la cumbre del Aconcagua y su escalada invernal y en solitario al Cho Oyu, por citar solo algunos de sus mayores logros. Fernando es también guía UIAGM y lleva a clientes de Aragón Aventura a las montañas más altas del mundo.  Y en la nómina de expresidentes, nos queda Erik Pérez, el guía de montaña más antiguo de los Picos de Europa aún en activo; y debo de mencionar a Jorge Vicens, primer presidente de la AEGM, que desgraciadamente ya no está entre nosotros. Y claro, aparte de los expresidentes hay guías de renombre como Francisco Palacios, escalador de numerosas “primeras” nacionales e internacionales en roca y hielo, Máximo Murcia, cuyos manuales de escalada en hielo, roca, autorrescate, etc., han orientado a más de una generación de montañeros; y otros, cuyos nombres habréis oido alguna vez, como Oscar Cadiach, Martín Zabaleta, Juanito Oiarzabal, Belén Eguskiza, Jordi Corominas, Juan Ma Eguillor, Alberto Iñurrategui o Alfredo Merino, por citar solo a algunos de los más conocidos, porque, como digo, la lista es muy larga y ya me parece injusto no mencionarlos a todos.

Sin duda, la sociedad actual tiene una oferta de ocio enorme y la capacidad adquisitiva en general es mucho mayor, pero cuando esas primeras generaciones de la AEGM empezamos a subir montañas, en la mente de todos estaba el conseguir ciertas “hazañas”, conseguir un buen ‘historial’ (curriculum alpinístico), ser instructor de la ENAM (Escuela Nacional de Alta Montaña, hoy EEAM) y, claro, soñábamos con llegar algún día al Himalaya o ser guías de montaña como los Guías de Chamonix, ya que en España no existía la profesión ni entidad alguna que los representase; aunque había algunas titulaciones federativas de guías, entre ellas las de valencianos como Miguel Gómez o Antonio Martí, pero no profesionales. Es por eso que el camino recorrido solo puede llenarnos de orgullo a los que ostentamos titulaciones de guías y hemos trabajado porque esa profesión sea una realidad. Como digo, los de esas generaciones no podíamos pasar parte del verano en la montaña, otra parte navegando en un velero, parte del invierno esquiando y otra parte en viaje de vacaciones, por eso la montaña representaba nuestra vida durante 12 meses al año y por eso, alcanzar esas metas nos enorgullece tanto.

Pues eso es a grandes rasgos la AEGM y una vez que lo sabéis, podréis distinguir a aquellos que van por la montaña luciendo una de estas insignias que he insertado, aunque hay otras como las de barrancos y escalada, y me gustaría que compartierais el respeto y admiración que muchos sentimos por ellos, y por mi parte el orgullo de que sean mis compañeros.

Joan V. Grifoll