La sierra de Espadán no deja de sorprendernos; emprendimos un bonito camino desde Onda por...
La sierra de Espadán no deja de sorprendernos; emprendimos un bonito camino desde Onda por el extremo noreste de la montaña más peculiar de nuestra comunidad; esta población con su impresionante castillo, tuvo un papel importante durante las guerras carlistas y se encuentra al pie de la sierra que en esta zona es una gran mancha verde que nos propusimos descubrir camino de las Peñas Aragonesas. Sabíamos de antemano que nos íbamos a topar con unos 300 ciclistas, una carrera de bicis de montaña programada precisamente para ese domingo, pero lo que ignorábamos fue que el encuentro sería sobre un estrecho sendero del barranco de la Charra que la humedad convertía en frondoso y lo que hubiera sido un tranquilo paseo se convirtió en un ejercicio de pericia para esquivar a los deportistas que arrasan las sendas y para intentar no ser arrasados también. Compartir es difícil en condiciones de desigualdad.
Dejando atrás a los competidores de lo inútil, comenzamos a ascender entre pinares y casetas de piedra en seco hasta llegar a la cima más alta de las llamadas Pirámides; desde allí pudimos ver como asomaban las Peñas y la cantera que se ha comido parte de sus carnes. Cada uno a su manera bajamos por una empinada ladera en un descenso panorámico con algún traspiés bien resuelto con las Peñas de frente; un tramo del más genuino de los paisajes de Espadán: rodeno y alcornoques. La senda finaliza en la Cañada de Aragón cuyo gentilicio da nombre a las escarpadas paredes de formas majestuosas. A su pie, el descanso fue merecido, echados en tierra la comida y algún brebaje casero, tipo herbero pasaron de mano en mano.
El regreso por la rambla entre pinares de rodeno y el arroyo de aguas clarísimas, estuvo amenizado con recuerdos de otros lugares y algún baño de los senderistas más acuáticos.