Las Tertulias de Libros de Montaña – EL PRIMERO DE LA CUERDA

EL PRIMERO DE LA CUERDA de Roger Frison-Roche.
Editorial JUVENTUD 1948. Traducción de Juan A. G. Larraya

Esta novela, que hoy duerme olvidada en nuestra biblioteca, conoció en su tiempo fama internacional, desde su publicación en Francia y su traducción a varios idiomas, hasta llegar a ser todo un clásico en la literatura de montaña, un éxito nunca superado en el ámbito de estos temas ni en relatos de importantes ascensiones de primeras mundiales incluso de los primeros ochomiles, Annapurna y Everest. Las obras de muchos grandes alpinistas, y además, excelentes escritores, como Guido Rey, Mummery, Sonnier, Longstaff, Shipton, Bonatti, Herzog…,  nunca tuvieron tan amplia difusión. Tal vez la clave de aquel éxito sea que, apoyada en un argumento de encantadora sencillez, con historia de amor incluida, y también con algún toque tremendista, esta novela introduce al lector, a través de personajes imaginarios, en auténticas escaladas alpinas fiel y minuciosamente relatadas, dentro de un microcosmos que conocía muy bien: Chamonix y su célebre Compañía de Guías a la cual perteneció durante años. Sus descripciones de escaladas, peligros y tormentas en el mundo impresionante y mítico de los Drus, la Aiguille Verte, las Agujas de Chamonix, todo el macizo del Montblanc en fin, poblaron durante décadas los sueños de los jóvenes montañeros de entonces, alimentando sus ilusiones de un futuro que soñaban próximo, aventuras como las de Pedro Servettaz, encordados en  la imaginación con el joven aspirante a guía.

La propia vida de Frison-Roche es igualmente apasionante. Nacido en Chamonix, fue miembro de la Compañía de Guías, de donde han salido las mayores glorias del alpinismo francés y participó en muchas de las primeras ascensiones importantes de su tiempo. Fue profesor de escalada en la famosa escuela de Les Gaillands, corredor de esquí y monitor. Como periodista especializado, asistió a la Olimpiada de Invierno de Garmisch-Partenkirchen. Años antes había dirigido una de las primeras expediciones al Hoggar y al Sahara Central. Posteriormente se Instaló en Argel, fascinado por el desierto. Fue en Argel donde escribió EL PRIMERO DE LA CUERDA en 1941. Allí fue apresado cuando la invasión alemana y confinado luego en la Francia ocupada. Escapó para unirse a la Resistencia, operando con el “maquis” en  el macizo del Montblanc, donde acabó la guerra con el grado de Teniente de los Cazadores Alpinos. Pasada la tremenda conmoción de la contienda, volvió a sus actividades, siempre relacionadas con la montaña, y escribió dos novelas más.

Volviendo a la novela, hay una nota discordante y es la traducción, que demuestra, una vez más, que un tema tan especializado como es la montaña, sólo puede ser traducido  fielmente por alguien que lo conozca bien y lo haya vivido. La precisión y exactitud de las descripciones del autor, especialista en las técnicas alpinas de su tiempo, quedan empañadas por la traducción, a veces chocante cuando no risible: “bramante” por cordino; “grapas” por crampones; “cuerda de atar” por seguro, en fin, “traduttore”, “tradittore”, comodicen los italianos.

Leer hoy EL PRIMERO DE LA CUERDA nos depara un placer añadido: situarnos en la historia (incluso en la prehistoria) del alpinismo, conocer cómo era el sentimiento romántico de la montaña hace más de medio siglo, cuáles eran las técnicas, los materiales, desde el rappel Dulfer, a las cuerdas de cáñamo, y los suéteres de lana, gorro y bufanda, con los que se hicieron las grandes conquistas de los Alpes. Todo esto resulta sorprendente y conmovedor, comparado con las depuradísimas técnicas actuales, los sofisticados materiales y los medios de apoyo y salvamento. Pero la MONTAÑA –así, con mayúsculas-, sigue siendo la misma, sigue estando ahí. En el fondo, sabemos que, desde los principios del Alpinismo hasta hoy, desde la más modesta ascensión hasta la más arriesgada al filo de lo imposible, sólo hay unas pocas cosas inmutables y que importan de verdad: el sentido intimo de aventura, el compañerismo y el amor a la montaña.

Este artículo forma parte de la serie que preparé para nuestra revista GUAITA por los años noventa. Y ahora, pasados más de veinte años, vemos en qué se ha convertido la montaña para muchos, que sólo ven la fama y la publicidad que les pueda aportar la hazaña de ascender al techo del mundo. Eso sí, a costa de pagar esa hazaña con miles de dólares y con un tremendo esfuerzo físico, claro está, pero no conocen ni conocerán nunca, el verdadero espíritu y el sentimiento de la montaña.

Palmira Calvo Sanchis