Las Tertulias de Libros de Montaña – RECUERDOS DE VIAJE

Queridas compañeras y compañeros.

Uno de los proyectos que teníamos algunos compañeros de la Secció de Muntanya era el de aprovechar las bibliotecas particulares que algunos tenemos para dar a conocer libros de montaña, en principio antiguos. La idea era que un jueves al mes, antes de cenar en la sede de la Societat Excursionista de València y durante media hora el propietario del libro haría una exposición-resumen del ejemplar para darlo a conocer y que los miembros de la Secció lo pudiesen ojear, ampliando así los conocimientos de cada uno, en este caso de literatura de montaña.

Independientemente de que en un futuro llevemos a cabo este proyecto, las presidentas de la Secció me han animado a empezar algo parecido por escrito, que aparezca en el apartado de la Secció de la web de la Societat Excursionista de València, y así poder contribuir a amenizar este exilio social a que nos tiene sometidos el Sr. Coronavirus.

Con esta nueva serie de artículos pretendemos que os animéis a participar, que hagáis comentarios sobre el libro que os exponemos, para ello tenéis al final de este artículo un apartado que pone comentarios, no dudéis en hacerlos, queremos vuestra participación, los comentarios para evitar tener el maldito SPAM tienen que ser aprobados, no os asustéis si no salen en el momento, en cuanto estén aprobados irán saliendo, venga a que estáis esperando, leer el artículo y hacer los comentarios sobre él.

RECUERDOS DE VIAJE. Del Himalaya al Ártico de Tom Longstaff
Editorial Labor, S.A., Barcelona, Año 1954.

RECUERDOS DE VIAJE, del Himalaya al Artico

Tom Longstaff (Londres 1875, Tierras Altas, Escocia, 1964). La cita más recurrida respecto a su vida como alpinista, es su ascensión en el año 1907 al Trisul (7.120 m.), donde por primera vez se superaron los 7.000 metros de altitud. Si bien es remarcable este logro por su significado en la evolución del montañismo -no el único en su impresionante historial como escalador-, se le puede recordar como uno de los más grandes exploradores desde la perspectiva alpinista. Disponía de medios económicos que le permitió una vida totalmente dedicada a su pasión viajera: seis expediciones al Himalaya; cinco al Ártico; el Cáucaso, Montañas Rocosas, Spitzberg y Groenlandia, además de los Alpes, donde se formó en la montaña de dificultad, con más de 20 salidas.

Tom Longstaff

Recuerdos de viaje, resume las inquietudes de más de 35 años de intensa actividad, un legado documental descriptivo y geográfico de logros notables que valoramos en el contexto pionero de su realización, la crónica apasionada de un hombre movido por ideales ante la majestad de la naturaleza. De firme vocación naturalista, médico, aunque nunca llegó a ejercer, en sus viajes observa y reseña las características del país y sus gentes. Las largas marchas y la gradación de pisos climáticos por la progresiva altura en las ascensiones, revelaba a nuestro hombre las infinitas manifestaciones y belleza de la botánica. Defensor y prácticamente de las expediciones ligeras, de escaso equipaje y vida en el país, su austero estilo fue seguido, entre otros, por los históricos Shipton y Tilman.

Viajar a lejanos países entre finales del siglo XIX y primeras décadas del XX y tomar contacto con oscuros reinos de cerradas fronteras a los extranjeros, suponía afrontar costosos y largos desplazamientos y la incertidumbre y desprotección en territorios de ignorada topografía. El extendido poder político-militar y dominio imperial británico desde la Era Victoriana hasta la Segunda Guerra Mundial, habría fronteras en remotas regiones, y su sólida economía permitía que, con un puñado de liras, se pudiera viajar y vivir por largo tiempo en muchos estados y lugares de la tierra.

La primera y temprana revolución industrial inglesa y el inteligente aprovechamiento de primeros productos del saqueo de su extensa geografía colonial, sitúo a Inglaterra económicamente en el siglo XIX muy por encima del resto de Occidente, creando la necesaria base de prosperidad y excedentes, soporte que alimentaba la inquietud por la exploración de ignotos territorios, de una pléyade aventurera, a la cual pertenencia Tom Longstaff. El alpinismo es un deporte caro, un lujo del espíritu y estado de ánimo, al que solamente se accede cuando se ha alcanzado un nivel cultural, estabilidad económica y social, características propias de las sociedades avanzadas: La paradoja de rechazar el confort y la seguridad y sustituirlo por el rigor del medio, el aislamiento social, el esfuerzo físico y el peligro, para llegar al intangible misticismo de las montañas. Desinteresada actitud y sentimientos de difícil explicación que magistralmente resumió Lionel Terray, como “los conquistadores de lo inútil”.

Las montañas han configurado, con sus cimas inaccesibles y sin vida en sus desoladas cumbres, divisorias naturales, fronteras geográficas. Con la conquista del Cervino en 1865, última cima virgen de los Alpes, ya no había fronteras geográficas en Europa por conquistar, dando paso a una etapa en la escalada, a la carrera de las vías, el reto de nuevas rutas a las cimas conquistadas. Pero quedaban inmensas regiones desérticas por explorar y miles de montañas vírgenes en las grandes cordilleras en otros continentes, donde renacía la llamada original del montañismo, la cumbre.

Recuerdos de viaje. Del Himalaya al Ártico

Tom Longstaff escribió solamente este libro, pese a disponer de un voluminoso archivo de diarios de sus viajes, de interés técnico expedicionario o montañero, además de sus investigaciones naturalistas y etnológicas. En su libro se advierte la existencia de este laborioso y dilatado trabajo, por su documentación descriptiva, detalles y notas bibliográficas, con la cita añadida de personajes con quienes compartió sus andanzas y proyectos. El libro se trata, en suma, de un relato autobiográfico, un clásico en la literatura de montaña, de buen estilo y contenido, donde se exterioriza el natural deseo de comunicar sus vivencias y sentimientos, que nos ayuda a comprender, a través de las vivencias del autor, el silencioso pasado de un periodo del descubrimiento de las montañas.

El Cáucaso.- 1903: En la remota Svanetia (Georgia), región ocupada por montañas, entre 3.000 y 5.000 metros: primera ascensión de cuatro de sus grandes picos, entre ellos el Tiktingen (4.652 m.) y al Shjara (5.193 m.), segunda cima del Cáucaso, tras el Elbruz, por la punta occidental de las dos que se unen en una cresta de más de 1,5 km.

El Himalaya: 1905: Exploración del Nanda Devi, en el Himalaya indio y de los accesos y posibles rutas al Trisul. Intentos fallidos de ascensión. La voluntad de sus proyectos se refleja en estas líneas, Cuando en 1905 llegué por primera vez al Himalaya, mi objetivo estaba ya delimitado desde hacía muchos años. Ante todo intentaría subir al Trisul…y luego acometería el propio Nanda Devi.” La exploración de las rutas de entrada a la cordillera, el himalayismo de aquella etapa pionera estaba forzosamente precedido del descubrimiento de los pasos que dieran acceso a las expediciones al pie de la montaña elegida, para la instalación de campamentos base y ataque posterior a la cumbre. Tan remotas y hostiles regiones, requerían, por aquel entonces, una organización de características de logística militar. De hecho fueron con frecuencia, militares jefes de expedición.

1907.- De nuevo en el Garhwual, zona de la India Británica, lindante con el Tíbet, donde se concentran más de 100 picos que superan los 6.000 metros, entre ellos el Nanga Devi (7.817), y, en la misma zona, un grupo de tres picos, a modo de un tridente, Trisul I, II y III, de los que Tom Longstaff, corona el Trisul I (7.120 m.), la mayor altura alcanzada hasta el momento y no superada hasta pasados hasta 21 años. Este año, el Club Alpino Ingles, del que T. Longstaff fue presidente, celebraba sus bodas de oro, medio siglo de brillante historial.

Karakorum: 1.909. “Piedras negras y resquebrajadas”, el imponente y difícil sistema, geológicamente el más joven de los Himalaya, surcado de gigantescos glaciares, donde se levanta la segunda cumbre del planeta, el K-2 (8.611 m.), el Chogori en la lengua local. La exploración a de T. Longstaff, fue una notable aportación en el conocimiento de la intrincada cordillera y descubierta de caminos de penetración. Participa en la expedición invitado por el Conde de los Abruzzos (1873-1933), nacido en Madrid, hijo de Amadeo de Saboya, rey entonces de España, histórico alpinista y explorador, que alcanzó en el Chogori la altura de 6.000 metros, por la arista que lleva su nombre y por la cual, una expedición italiana alcanzó la cumbre en 1954

Everest: 1922.- Expedición en la que fue invitado T, Longstaff, por su notable historial de experimentado himalayista. Participó como médico y naturalista, sin formar parte, por su edad, de los equipos de intento a la cima. Documenta en su libro las posteriores expediciones de los años 1924, 1933, 1935, 1936 y 1938, abundando en las observaciones sobre los efectos de la altura, consecuencia de la extrema fatiga, efectos psicológicos y condiciones letales que acrecentaban dolencias y congeladuras. A finales del siglo XIX y principios del XX, todavía existían serias dudas de si era posible la ascensión al Everest.

Hindu Kush.- En 1916-1917, durante la Gran Guerra, misión político-militar del gobierno inglés en la zona, perteneciente por aquel entonces a la India Británica, exploró recónditos valles y pasos en el mismo eje de la cordillera.

Las Montañas Rocosas: 1910. Por aquel entonces sin carreteras, caminos y largos recorridos. Ascensiones picos vírgenes. Selkirsk: Cordillera en el Norte, 1910 -1911.

Spitzberg: 1921.- En la actualidad Archipiélago de Svalbard, al norte de Noruega, dentro del Círculo Polar Ártico, expedición científica organizada por la Universidad de Oxford. Volviendo de nuevo en 1923.

Groenlandia: 1928- Expedición inglesa, para el estudio del clima de la flora y de la fauna. Volvió de nuevo en 1931, y, en 1934 a la Isla de Baffin, su último viaje.

Conclusión: montañas de Inglaterra.

Tom Longstaff vivió los últimos años de su vida en Coigach, Tierras Altas de Escocia, apartada región entre montes y el mar, donde se sentía a gusto frente a su admirada naturaleza y donde escribió sus Recuerdos de viaje. En un último capítulo, cerrando la crónica de su vida activa de explorador y alpinista, describe con sentimiento y veneración las humildes montañas de las Islas Británicas, donde dio sus primeros pasos, excursiones y escaladas. Después de haber vivido los bellos paisajes de las cordilleras más elevadas de la tierra, habla con especial afecto familiar de “sus montañas”, de las que añade que todas tienen un fácil camino de subida a la cima, contrapunto a tantos lugares que cautivaron su inquieto espíritu, donde la dificultad y el riesgo, eran compañeros inseparables de la ruta elegida.

Los libros son sus autores: en la literatura de montaña predomina el relato personal, autobiográfico como el que nos ocupa, el natural deseo de exteriorizar y comunicar los propios sentimientos, registro cultural del encuentro con la grandeza de las montañas. Recuerdos de viaje es uno de esos relatos memoria de hechos notables que han decidido etapas clave en el descubrimiento de las montañas, una enriquecedora aportación ética de la bibliografía del alpinismo, la evocación en sus páginas de los ideales a los que siempre estuvo unido Tom Longstaf en su larga vida: “Las montañas se suben primero con el piolet, después con la pluma”, como nos ha dejado escrito el histórico alpinista Kurt Diemberger.

Rafael Cebrián Gimeno