Romería Medieval Catí a Castellfort

Gracias a nuestro amigo Agustín un grupo de la Colla y otros amigos fuimos a...
Gracias a nuestro amigo Agustín un grupo de la Colla y otros amigos fuimos a la romería que desde el siglo XIV hacen los vecinos de Catí hasta Sant Pere de Castellfort. A los catinencs se les une cada año más gente de fuera como nosotros, que compartimos con los romeros, el cura y la cruz con Sant Pere, los veintitantos kilómetros hasta la ermita de Sant Pere de Castellfort.
Comenzamos en el santuario de L’Avellá. Allí asistieron los romeros a una misa. Pasamos por la arruinada aldea y ermita de la Salvassoria y la gran fuente del mismo nombre, manantial que se disputaban La Salvassoria y la Llecua. Las rogativas se hacen cada año para que llueva, y efectivamente llovió generosamente. Sant Pere cumplió nada más comer y partimos desde la Llecua hacia Sant Pere regados por el cielo. Es verdad que también se pide salud y gracia para los participantes.
Entre masías, campos de cereal y algún tramo asfaltado, hicimos la sobremesa, hasta que comenzamos a ascender el tramo más vistoso de la ruta, la ascensión por viejo camino de herradura hasta la cima de la plataforma montañosa donde se encuentra la ermita de San Pere. Asomados al cantil esperaban los romeros y visitantes, animando en el último empinado trecho del camino.
Caballos y jinetes iban subiendo a duras penas este tramo y cerrando la procesión los romeros y la cruz con el santo.
Tras los ritos y cánticos entraron de forma solemne en la iglesia y nosotros, el grupo que se había llevado cuchara y plato para saborear el arroz con judías que hacen para los participantes, y que había recorrido el duro camino hasta allí, nos quedamos con la visión de los calderos humeantes y los cocineros dando vueltas con un palo a la deliciosa caldereta de arroz, o sea, con tres palmos de narices porque nuestro autobús se marchaba.
El próximo año iremos directamente a cenar, que nos lo hemos ganado.