Las Tertulias de Libros de Montaña – ALPINISMO ANECDOTICO

Queridas compañeras y compañeros.

Uno de los proyectos que teníamos algunos compañeros de la Secció de Muntanya era el de aprovechar las bibliotecas particulares que algunos tenemos para dar a conocer libros de montaña, en principio antiguos. La idea era que un jueves al mes, antes de cenar en la sede de la Societat Excursionista de València y durante media hora el propietario del libro haría una exposición-resumen del ejemplar para darlo a conocer y que los miembros de la Secció lo pudiesen ojear, ampliando así los conocimientos de cada uno, en este caso de literatura de montaña.

Independientemente de que en un futuro llevemos a cabo este proyecto, las presidentas de la Secció me han animado a empezar algo parecido por escrito, que aparezca en el apartado de la Secció de la web de la Societat Excursionista de València, y así poder contribuir a amenizar este exilio social a que nos tiene sometidos el Sr. Coronavirus.

Con esta nueva serie de artículos pretendemos que os animéis a participar, que hagáis comentarios sobre el libro que os exponemos, para ello tenéis al final de este artículo un apartado que pone comentarios, no dudéis en hacerlos, queremos vuestra participación, los comentarios para evitar tener el maldito SPAM tienen que ser aprobados, no os asustéis si no salen en el momento, en cuanto estén aprobados irán saliendo, venga a que estáis esperando, leer el artículo y hacer los comentarios sobre él.

ALPINISMO ANECDÓTICO de Charles Gos
Editorial Juventud. Barcelona, enero, 1950

Alpinismo Anecdótico

En este libro, el autor, un periodista suizo, escribe en 1934 una sucesión de relatos que no intentan ser una crónica ni una relación histórica. Charles Gos, hijo de un pintor de paisajes de montaña y hermano de un fotógrafo de montaña, no fue un alpinista propiamente dicho, pero sí un gran aficionado y conocedor del mundo del alpinismo.

Dividido en tres partes, el libro comienza con una indagación sobre el nacimiento de nuestro deporte. ¿Cuándo nació el alpinismo? ¿Qué personaje se puede considerar como el primer alpinista? El primer personaje a que hace referencia, siguiendo a Salustio, escritor romano, es un ligur encuadrado en el ejército del general romano Mario durante la llamada “Guerra de Iugurta” y cuyo nombre se restringe a “el ligur”. Este hombre escaló una montaña “elevada hasta perderse de vista”, por su vertiente más escarpada (cortada a pico, según Salustio), con el fin de espiar a los númidas atrincherados en su cumbre.

Al “ligur”, le siguen nombres como Josias Simler, de Zurich, que en el s. XVI aconsejaba a los que se aventuraban en las montañas para que salieran indemnes de la aventura, haciendo recomendaciones que aún son perfectamente válidas: ¿Temen ustedes al abismo? ¿Padecen ustedes de vértigo? En tal caso no duden en dejarse guiar por gentes del país que estén ya acostumbrados a tal clase de travesías”.

Como muchos historiadores del alpinismo, Gos sitúa a los eternos Dante y Petrarca en los albores de nuestro deporte, sobre todo al segundo, al que muchos consideran el precursor, con su ascensión al Mont Ventoux (1.912 m.), el 26 de abril de 1336. Enamorado profundamente de Laura, se lanza a la ascensión para encontrarse a sí mismo: “Suspiré, lo confieso, ante el cielo de Italia, que se aparecía más a mi imaginación que a mis miradas y me invadió un deseo indecible de volver a ver a mi amiga y a mi patria”.

Seguidamente, el autor nos descubre nombres de “alpinistas” que no imaginamos, como Leonardo da Vinci, Rabelais, Saussure…, sin olvidar la memorable gesta de Antoine de Ville, escolta de Carlos VIII de Francia, que el 26 de junio de 1492, escaló el aún hoy pavoroso Mont Aiguille (2.085 m), en el Delfinado. Nos habla también, en este primera parte, del primer accidente de montaña oficialmente registrado, de la primera tragedia en el Mont Blanc, del primer papa alpinista, Pio XI (Achille Ratti), y de los componentes de la expedición al Everest de 1924, en la que desaparecieron Irvine y Mallory, entre otros aspectos del alpinismo que el lector descubrirá página a página.

En la segunda parte, titulada Siluetas de guías, Gos nos lleva a un mundo muy poco trabajado en la literatura de montaña, excepto en las novelas de ficción, al adentrarse en la vida de algunos de los guías más relevantes de su época, o al menos de los que a él así le parecían. Nombres como Franz y Rodolfo Lochmatter, François Dévouassoux, Rodolfo Taugwalder o Émile Javelle, ilustran este capítulo en el que nos habla de sus costumbres fuera del oficio de guías, como por ejemplo, la tradición de los guías suizos de construir su casa con sus propias manos al contraer matrimonio y formar una familia. A modo de orientación, ya que estos nombres resultan hoy desconocidos a la mayoría, diremos que Franz Lochmatter (1878-1933), hijo y sobrino de grandes guías, contó en su haber grandes ‘primeras’ de enorme dificultad, incluso hoy, como la Verte por la Charpoua, Norte de los Grandes Charmoz, espolón de la Brenva al Mt Blanc, arista N del Monte Rosa Nordend o la O del Grepon. En pleno apogeo de su carrera, Lochmatter realizó diferentes expediciones al Himalaya y Karakorum, alcanzando los 7.300 m en el Kamet, probablemente el record de altitud en ese momento. En 1922, 1925, 1929 y 1930 fue el primer guía organizador de expediciones al Karakorum, Hindu Kush y Turkestán chino.

La tercera parte del libro está dedicada exclusivamente a la catástrofe del Cervino en la que el 12 de julio de 1865, cuatro componentes del equipo que alcanzó la cumbre de esta emblemática montaña, encabezado por Edward Whymper, encontraron la muerte durante el descenso al romperse una cuerda: Michel Croz (probablemente, el mejor guía del momento), el reverendo Charles Hudson, Lord Francis Douglas y Robert Hadow.

En este estudio exhaustivo, el autor nos transcribe la encuesta del gobierno del Valais sobre el accidente así como los interrogatorios del juez a los supervivientes, Edward Whymper y Pierre Taugwalder padre (el hijo, Peter, fue el tercer superviviente), así como a un testigo pericial, el guía François Andenmatten.

Como se sabe, la causa de la desgracia fue la rotura de una cuerda, tema sobre el que el autor reproduce las investigaciones técnicas y policiales que siguieron al accidente, así como la versión de la prensa más leída del momento que se hizo eco de la tragedia.

Finalmente nos refiere particularidades de la vida de alguno de los componentes de la cordada y los epitafios de las tumbas de Croz y Whymper.

El libro es una joya por muchos aspectos, uno de ellos por su antigüedad y consecuentemente, por la dificultad de conseguirlo hoy en día, pero sobre todo, a mi modo de ver, por el romanticismo que se desprende de cada una de sus páginas, ya que Charles Gos fue coetáneo de los personajes de la segunda y tercera partes del libro y su forma de escribir y contar los acontecimientos es la misma con que se procedía en la época.

En fin, una joya con la que estoy orgulloso de contar en mi biblioteca y que he tenido el gusto de compartir con mis compañeras y compañeros de montaña.

Imagen que cuenta la leyenda que vieron los componentes de la cordada de Whymper en la cumbre y que realmente fue un augurio fatal de los que iba a suceder.

Joan V. Grifoll