Las Tertulias de Libros de Montaña – LE CONSEILLER DE L’ASCENSIONNISTE

LE CONSEILLER DE L’ASCENSIONNISTE de Hans König.
Club Alpino Suizo Editorial Jent. Ginebra, 1918

Vamos a comentar un libro de Hans König publicado por el Club Alpino Suizo en 1918. Se trata de la versión francesa («Le conseiller de l’ascensionniste») de una obra en dos volúmenes («Ratgeber für Bergsteiger»), de los cuales yo sólo poseo el segundo, titulado en francés «Technique de l’alpinisme en tenant compte de nombreux cas d’accidents». El primer volumen, que según parece nunca se tradujo al francés, está disponible en los catálogos de diversas librerías de lance europeas.

Imaginaos el libro de Pit Schubert «Seguridad y riesgo» pero escrito un siglo antes, con el análisis de todos los accidentes de montaña en los Alpes vistos desde la perspectiva de los conocimientos montañeros de principios del siglo XX. Se analizan 175 accidentes, que vienen a sumar casi medio millar de muertos por distintas causas (hipotermia, caídas, grietas, aludes, etc). Entre esos accidentes figuran los que les costaron la vida a alpinistas tan expertos y prestigiosos como Zsigmondi en La Meije, Marinelli en el Monte Rosa, Norman-Neruda en la Fünffingerspitze, Purtscheller en el Dru, Fischer en el Aletschhorn, Rey en la Dent du Géant y Burgener en el Bergli (amén, lógicamente, de la célebre catástrofe del Cervino, que es accidente de montaña más famoso de la historia del montañismo).

No estoy hablando de un libro escrito en la España de la postguerra, cuando los alpinistas españoles disponían de material muy precario, no podían salir al extranjero y en su mayoría estaban aislados intelectualmente por las barreras idiomáticas. Algunos afortunados podían tener acceso a obras escritas en francés o italiano, pero la inmensa mayoría desconocía lo que se publicaba en alemán, inglés o ruso por la sencilla razón de que estas lenguas nos eran desconocidas. Nuestros compatriotas suplían con ingenio y pundonor todas esas deficiencias, y yo me descubro ante su audacia.

No. Estoy hablando de un texto publicado en Suiza, avalado como texto técnico por el Club Alpino Suizo y escrito por un autor experto que dispone de una gran cantidad de información relevante y analiza las técnicas de la época. Los alpinistas a los que se refiere en el libro eran guías de montaña expertos y «turistas» que gozaban de una situación socioeconómica lo suficientemente desahogada como para permitirse vacaciones en los Alpes. Estas personas estaban en un país rico y supuestamente utilizaban los mejores materiales y técnicas de su tiempo.

Casi siempre se escalaba «ensemble», con lo cual la caída de un montañero significaba la muerte de toda la cordada. Cuando se hacían largos de cuerda, el segundo se autoaseguraba a la reunión pasando la cuerda directamente alrededor de un pico de roca, pues no se conocían los pitones ni los mosquetones (no se hace ninguna mención a ellos en todo el libro). Para asegurar al primero de cordada, se cogía la cuerda directamente con ambas manos pues ni siquiera se conocía la técnica de asegurar al hombro, que yo seguí usando hasta los años 90. Y a ser posible se intentaba pasar la cuerda por detrás de algún pico de roca que ayudase a frenar la caída del primero de cordada; pero hoy sabemos que es precisamente el corte con las aristas de la roca lo que provoca la ruptura de las cuerdas. Se usaban cuerdas de cáñamo muy finas, similares en grosor a las actuales de perlón, que se rompían limpiamente en cuanto se producía la caída del primero de cordada. Y si la cuerda no se rompía, el infortunado podía quedar colgando en el vacío con varias costillas rotas y la cuerda apretándole el tórax hasta causarle la muerte por ahogamiento, pues el baudrier no había de inventarse hasta el último tercio del siglo XX. El rappel se hacía pasando la cuerda entre los pies, de modo similar a como en mi juventud aprendí a trepar por una cuerda lisa para superar el examen de acceso a las Milicias Universitarias. Más sofisticado era pasar la cuerda varias veces alrededor de un muslo, pero entonces el muslo en cuestión acababa «espachurrao». Por supuesto Hans Dülfer aún no había propuesto el pasar la cuerda bajo una pierna y sobre el hombro opuesto, sistema que sí vale la pena conocer para cuando no tienes nada mejor; y como no había anillas de cuerda ni mosquetones tampoco nadie había inventado el sistema Comici que yo utilicé hasta que a comienzos de los 80 descubrí la utilidad del nudo dinámico para rappelar. Si una tempestad te impedía guarecerte a tiempo en un refugio y te veías obligado a un vivac imprevisto podías morir de hipotermia y en el libro hay abundantes ejemplos de ello. Los crampones los acababa de inventar Oskar Eckenstein (me refiero a los crampones tal y como los conocemos los montañeros actuales, pues siempre se ha recurrido a algún tipo de artilugio para no resbalarse en el hielo), pero no había ninguna forma de asegurar al compañero cuando se escalaba sobre hielo.

No estoy hablando de los tiempos de Paccard, Balmat y Saussure, sino de 1918, fecha en la que ya se habían producido considerables avances científicos y técnicos que habían tenido un gran impacto en la sociedad. Mi padre nació ese año. Desde luego, internarse en la alta montaña con aquel acervo de conocimientos (fijaos que no hablo de materiales sino de conocimientos) era tentar a la muerte. Todavía hoy en la sociedad europea se tiene la idea de que el alpinismo es una actividad muy peligrosa.

En algunos casos en los que se hizo autopsia a aquellos infortunados (despeñados, sepultados por aludes, muertos por hipotermia, etc.) la causa de la muerte se achacó a «paralysie du coeur», un diagnóstico harto pintoresco que hoy puede provocar sonrisas o incluso alguna carcajada, pero que posiblemente refleja algún problema de traducción al pasar el texto alemán al francés.

No sé qué palabra se utilizó exactamente en el original alemán. Tened en cuenta que de la traducción se ocuparon dos voluntarios del Club Alpino Suizo, el pastor protestante Ch. Brossy y el abogado E. Correvon, que probablemente carecían de conocimientos médicos. Por cierto, que el texto francés tiene algunas faltas de ortografía no muy diferentes a las que cometen hoy en día los jóvenes franceses. En varias ocasiones dice «un deux» (uno dos) cuando quiere decir «un d’eux» (uno de ellos) y hay varios errores de concordancia (sujeto plural y verbo en singular, o participio en femenino cuando no corresponde). Todo esto se debe a que en francés hay expresiones que suenan igual pero no se escriben igual porque desempeñan distintas funciones gramaticales. Hay incluso algún catedrático de Fisiología al que alguna vez se le escapa algún error similar. Las ilustraciones del libro son dibujos de un tal M.C. Meili, miembro también del Club Alpino Suizo. Dibujos excelentes, bellos y a la vez tan realistas como si hubieran sido tomados de fotografías. Esos dibujos nos permiten hacernos una idea cabal de cómo se desarrollaban en aquel tiempo las ascensiones alpinas. Se jugaban la vida a cada paso y aun así hicieron cosas que todavía hoy nos llenan de asombro y admiración. ¡Qué gónadas, Dios mío!

Javier Botella de Maglia