LAS MONTAÑAS Y EL HOMBRE. EL MONTAÑISMO Y LA SOCIEDAD

LAS MONTAÑAS Y EL HOMBRE. EL MONTAÑISMO Y LA SOCIEDAD

Rafael Cebrián Gimeno. Diciembre 2021

En los últimos tiempos han tenido lugar tres acontecimientos en el mundo de la escalada y del montañismo que, por sus significativas características, inducen a una doble reflexión, el análisis de lo que representan en sí mismo como hechos relevantes en la evolución del montañismo y el interrogante de cómo van a ser interpretados por parte del gran público al conocerlos por los medios de difusión: La escalada deportiva declarada deporte olímpico; Las cumbres del Himalaya, masificadas por un turismo montañero; y Las espectaculares escaladas de extrema dificultad realizadas en solitario y sin cuerda.

Alberto Ginés – Cumbre del Everest – Alex Honnold

Como toda actividad humana, el montañismo ha modificado al paso del tiempo objetivos y formas ante retos permanentes en su actividad, manteniendo desde sus inicios pioneros el espíritu que lo fundamenta y le concede valores humanos como escuela de vida. Los tres eventos citados los podemos inscribir dentro de los principios evolutivos, y, en una segunda lectura, la pregunta sobre el sentido y valoración que una mayoría de personas, por completo ignorantes del impulso personal que decide el encuentro del hombre con la montaña de dificultad, deduce de todo ello. Cabe suponer que serán unos hechos más de confusión que añadir al imaginario popular sobre el montañismo. La dificultad de explicar y trasmitir a la gente el porqué del profundo arraigo que inspiran las montañas y la fidelidad de sus practicantes a unas reglas y un código de ética y comportamiento no escrito, ha dejado fuera de la comunicación a gran escala a este mundo singular. El público está habituado al deporte como espectáculo, a ser espectador de un encuentro o competición en el que, más o menos, se identifica y se siente inclinado, de una forma partidista, hacia uno de los equipos en pugna, en el que un resultado final, y dentro de una lógica puramente competitiva, deja ganador y perdedor.

El montañismo también es un deporte en cuanto que obligadamente su realización exige un esfuerzo físico, pero por su complejidad afectiva y singularidad, dejarlo como tal, es una simplificación inadmisible. Primer punto de distanciamiento del alpinismo con el resto de los deportes, al no ser competitivo, aunque haya competencia, pero en un marco y unos postulados no encasillables. El organigrama y reglas del juego de cualquiera de las manifestaciones competitivas del deporte espectáculo, se puede sintetizar de manera comprensible en una cuartilla. Imaginemos por un momento que una persona no tenga la menor idea de futbol (caso insólito) ni ha visto un partido en su vida: diez minutos antes del encuentro se le puede explicar en qué consiste el encuentro y quedará en condiciones de comprender el desarrollo del juego y cuál es su objetivo.

Se evidencia la imposibilidad de llevar al público el íntimo y profundo sentimiento que inspira la montaña y su influjo creador de vocaciones que atrapan con tanta fuerza durante toda una vida. Difícil de comprender que algo tan anómalo como el esfuerzo físico extremo en un medio hostil, sujeto a las desabridas manifestaciones de fuerza de la climatología adversa; el peligro y el alejamiento social y de la comodidad doméstica…se afronte con tanta pasión…por nada…

(Foto: Kukuczka y Hajzer en el Annapurna)

El intento de diálogo, termina por perderse en un vacío de preguntas sin respuestas. Recordemos “Los conquistadores de lo inútil”, la inteligente definición con la que el gran alpinista Lionel Terray sintetizó en una corta frase tan compleja manifestación personal, cuyo mensaje, no es fácil transcribir en su íntimo contenido más allá de su literalidad. Naturalmente estas observaciones se refieren a un contexto generalizado de público, admitiendo que un sector comprende y reconoce la vehemencia por la montaña, sin ser por ello, necesariamente, conocedor del ensueño inspirador de sus fundamentos.

Rocódromo de la Petxina

El rocódromo, en su estructura artificial ha sido un excelente medio especializado de ayuda para perfeccionar la técnica en la escalada sin salir del medio urbano y que, por sus condiciones prefijadas de máxima seguridad, permite arriesgar sin consecuencias la caída en el intento de superar los propios límites personales en la escalada. Aunque las paredes naturales no se pueden estandarizar, prefabricadas reflejan una diversa morfología y dificultad con cualidades para el aprendizaje y entrenamiento, mejora personal que nos da la medida de nuestras capacidades físicas ante las dificultades naturales en la montaña. El rocódromo despierta reflejos, habilidad y destreza. Las escuelas de escalada o centros en el medio natural de paredes equipadas, cumplen idéntica función, con la ventaja de que las presas naturales familiarizan con la morfología de la roca y su estructura.

La indudable relevancia como nuevo deporte de la escalada deportiva, su elegancia y exigencia al practicante, le ha concedido nivel olímpico, rango estrenado en Tokio el pasado agosto. Su atractivo y belleza como ejercicio, ya es, por sí mismo, foco de atención y pasión para muchos deportistas, sin que necesariamente el interés lo haya inspirado la montaña, de la cual pueden estar por completo ausentes y nunca lleguen a pisar una cima. Para el escalador de montaña su paso por el rocódromo es un medio, para el otro, es un fin: ahí es la diferencia. En cualquier caso, un magnífico ejercicio que lamento yo no he podido disfrutar, mi generación llegó tarde a este montaje gratificante y formativo.

Alberto Ginés

Como apostilla final a este comentario, recordar y encomiar que la primera medalla de oro de esta nueva especialidad olímpica, se la ha llevado el cacereño de 18 años, Alberto Ginés, un sorprendente triunfo que denota a su corta edad excelentes cualidades. Este juvenil campeón olímpico, figura ejemplar del nuevo deporte, hace suponer que potenciará la escalada urbana, que serán muchos sus seguidores en un previsible auge que vendrá acompañado de la proliferación de instalaciones, lo cual, si así acontece, será una buena noticia que a todos beneficia. Ya contamos con un despegue espectacular, tanto en las instalaciones urbanas como las zonas naturales equipadas, un fenómeno en el que se inician muchos niños llevados de la mano de sus padres, la semilla de futuros atletas. Queda por saber si este nuevo deporte, en su normativa, organización y licencias, será de la competencia de la Federación de Montaña, o, pasará por su propia filosofía a otra entidad.

El Escalón Hillary

La masificación en las cimas del Himalaya – Asistimos desde hace unos cuantos años a un asalto de las grandes y míticas cimas del Himalaya, los ochomiles, las veneradas cumbres que han sido el último gran paso de la conquista de las montañas y que ahora, acosadas y mancilladas por un servilismo mercantil, hace posible que muchos individuos, sin preparación técnica ni espíritu montañero, hagan cumbre y hacerse allí el selfi de rigor para vanagloriarse ante sus amigos de “la hazaña”. No hay problema si tienen dinero para “comprar” la ascensión: a su disposición toda clase de medios, humanos, técnicos, cuerdas fijas, porteadores a su servicio, guías personalizados, campamentos, alimentación, y, … botellas de oxígeno… las que hagan falta, sin límites. Con estas facilidades, contando naturalmente con un buen estado físico y saneada cuenta corriente, determinados individuos que nunca habían practicado el alpinismo, han pisado las cimas de ochomiles, incluido su techo, el Everest.

El Nepal ha encontrado en este afán de notoriedad y consumismo de algunos individuos, un recurso económico que está explotando. La situación ha llegado al colmo, en mayo del 2019 200 personas colapsaban la cresta cimera del Everest, inmovilizados y literalmente pegados unos a otros, pendientes de su turno para llegar a la cumbre. El irresponsable disparate, lejos de toda medida de prudencia, se saldó con diez muertes, pudieron ser muchos más. Este no ha sido el último acoso masificado, las barbaridades se repiten, el 16 de abril del presente año, 68 personas hicieron cumbre en el Annapurna, el ochomil que más accidentes mortales ha registrado en la historia del himalayismo, un elevado número de ignorantes que aumentaba el elevado riesgo que ya de por sí envuelve a la letal montaña. Los helicópteros, con un techo ya muy elevado, dejaba a los “alpinistas” en el campamento base (5.500 metros) y llevaron, hasta 6.400 metros toda clase de pertrechos para asegurar la ascensión de los clientes, algunos de los cuales no se habían puesto crampones en su vida. Se han producido accidentes mortales, lo raro es que no se produzcan más, pero al tiempo, se pronostica que los habrá, el afán de comercializar las ascensiones está tensando excesivamente el límite de la responsabilidad y la seguridad personal. La reflexión sobre este prostituido concepto de ascender montañas, nada tiene que ver con el íntimo sentimiento y principio de alcanzar las cimas por el propio esfuerzo, marcando una clara y profunda brecha de lo que significa Turismo, distanciado en su actitud años luz del auténtico Alpinismo. Podemos imaginar que este insensato proceso pseudo alpinístico, añadirá una confusión más de interpretación y de identificación del himalayismo por parte de la gente.

Lhotse
Alex Honnold

Escaladas extremas en solitario: La superación de dificultades y el reto de alcanzar los más extremos niveles, es una meta y estímulo de toda empresa humana. La montaña no escapa a este impulso, más bien por el contrario, y desde sus románticos inicios, se nutre del natural y esforzado sentimiento personal de superación y mejora que supone la conquista de las montañas y sus vertientes. Su historia esta jalonada de constantes ascensiones y escaladas consideradas hasta el momento como insuperables, desplazando una vez tras otra la frágil frontera de lo “imposible”, marcando logros que dan la medida de la voluntad personal y evolutiva en la conquista de las montañas. Sobre este bagaje de fervor y sentimientos, de desafíos abordados, éxitos, renuncias y fracasos, las mejoras técnicas de materiales y equipos, experiencias, formación, facilidades en los desplazamientos, nivel económico…son los componentes (no todos) que han contribuido a apertura de espectaculares rutas. Cada generación de escaladores/alpinistas se beneficia de los logros de sus predecesores, a la vez que se enfrenta a nuevos desafíos que marcan su época.

Dani Arnold

La escalada sin cuerda, en solitario y sin medios auxiliares, ha tenido últimamente realizaciones impresionantes, verdaderamente sobrecogedoras, que encogen el corazón cuando se analizan en todo su rigor. En junio de 2017 el escalador norteamericano Alex Honnold ascendió la pared de casi mil metros de El Capitán, una de las más famosas del mundo, situada en el Parque Natural del Valle de Yosemite, por una vía de gran dureza, longitud y de extrema dificultad mantenida, sin cuerda y en solitario, sin más bagaje que su depurada técnica, preparación física y perfecto dominio de sí mismo. El alpinista suizo, Dani Arnold, desde el 2011 hasta nuestros días, ha batido seis récords de velocidad escalando sin cuerda, en las seis caras norte de los Alpes: Eiger; Cervino; Petit Dru; Piz Badile; Grandes Jorasses y Cima Grande de Lavaredo. Arnold es considerado por algunos, superior al americano, por su movilidad en terreno mixto al dominar las técnicas de roca y hielo. En su historial cuenta con la escalada a una cascada de hielo de 300 metros, considerada como máximo grado de dificultad en hielo, igualmente superada en solitario.

Prescindir por completo de medios auxiliares de seguridad, sin vuelta atrás ni descanso una vez iniciada la escalada y de obligada salida por arriba como única alternativa, obliga a una sostenida tensión que no permite el más mínimo fallo, en un juego escalofriante entre la vida y la muerte necesitado de un equilibrio sicológico excepcional, además de una técnica depurada, entrenamiento y óptimas condiciones físicas. No hay duda en afirmar que la escalada es un deporte de riesgo y que, asumido conscientemente por el escalador, éste reduce sus consecuencias con la prudencia, el conocimiento de sus limitaciones en los grados de dificultad logrados, la formación, utilizando en todo lo posible el auxilio y socorro del material técnico que permite descansar o renunciar a la escalada, además del nexo humano de apoyo físico y moral del compañero de cordada. El instinto de conservación hace el resto, literalmente el miedo, inscrito en nuestro sistema de autodefensa que nos advierte y preserva del peligro. Hasta ahí el reto personal de hasta donde afrontar una escalada y de cómo Alex y Arnold (hay alguno más) son capaces de soportar la tremenda tensión de sus solitarias y comprometidas ascensiones. Confieso que me ha impresionado profundamente tan desmesurado desafío de estos dos escaladores que considero excepcionales, hitos memorables en la historia del hombre y la montaña que, por sus características, fuera de los parámetros normales, no es posible que tenga muchos seguidores.

Como apuntaba al principio, los hechos tratados y sus notorias diferencias conceptuales de actitud ante las montañas y el sensacionalismo de su repercusión mediática, como reclamo comercial y su previsible deformación interpretativa por el gran público, muestran una vez más la dificultad de trasmitir los grandes valores del montañismo y, al mismo tiempo, la necesidad de preservarlos con toda su pureza. Las montañas son ahora más visitadas que nunca, la masificación en general como un problema de nuestro tiempo que amenaza la estabilidad ambiental de las montañas, el consumismo y turismo que llevan a los grandes espacios gentes carentes de formación, ávidas -sin más- de nuevas experiencias.

Fuentes de las fotografías: